Úsame…¡Soy sexólog@!

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Son muchas las personas con las que me he cruzado en el camino y que no han podido aguantarse las ganas de hacer la misma pregunta:

“¡Eres sexóloga! ¿No te da asco que la gente te cuente sus problemas y enfermedades sexuales?  Seguro que hay mucho pervertido…”

En primer lugar, habría que preguntarse qué entendemos por “problema y enfermedad sexual”. Como ya dijimos en el artículo presentación, los sexólogos preferimos llamarlo complicaciones y/o peculiaridades. Consideramos que, la mayoría de las veces, el problema existe en la mirada de aquel que no se ha lavado bien los ojos. En segundo lugar, tal y como explica la Real Academia Española, una persona pervertida es aquella que tiene costumbres o inclinaciones sexuales que se consideran socialmente negativas o inmorales.

Es posible que, si el lector busca en sus recuerdos alguna experiencia erótica considerada socialmente “fuera de lo normal”, (ya sea una fantasía, un deseo o un encuentro esporádico) automáticamente, le recorra un gusanillo en el estómago, o bien sonría con picardía. ¿Será el lector un pervertido…?

Tristemente, tenemos un bagaje cultural que dificulta promover lo bueno y sano que traen consigo este tipo de prácticas. Y, lo que es peor, hace que estas experiencias se conviertan en pesadas losas para nuestra moral.

Es por todo esto por lo que hemos de hacer saber a la gente qué tipo de servicios ofrecemos los profesionales de la Sexología. Afortunadamente, los sexólogos somos capaces de remodelar y pulir prejuicios y falsos mitos que nos escupe esta sociedad anticuada en la que vivimos.

Así mismo, nuestra labor va más allá de la silla de consulta. Hoy quiero contaros las tres superficies por las que los sexólogos nos movemos con soltura y competencia, y que la mayoría de la gente desconoce.

Los campos profesionales de la sexología son: la Terapia sexológica y de pareja, el Asesoramiento y, por último y no menos importante, la Educación sexual. A continuación, explicaremos estos tres campos.

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Terapia sexual y de pareja

Antes de todo, debemos diferenciar dos áreas que se encuentran dentro de la terapia sexológica: la sexualidad y la pareja. Es cierto que ambas guardan una estrecha relación. Sin embargo, ocurre que la mayoría de las personas reduce lo sexual (lo que tiene que ver con los Sexos) a lo coital (lo que tiene que ver con los genitales).

Existe una tremenda vergüenza a la hora de acudir al sexólogo (tanto en pareja, como de manera individual). Raramente un hombre se atreve a ir a terapia debido a que tiene dificultades a la hora de relacionarse o de ligar. Tampoco es frecuente que, de buenas a primeras, una persona busque ayuda para aliviar los celos que no le dejan dormir por las noches. Y, sin embargo, este tipo de cuestiones son las que nosotros resolvemos.

Entre las demandas más frecuentes de la terapia sexual se encuentran: disfunciones sexuales, problemas de deseo o de erótica (dentro de la cama), fobias sexuales, miedos, dudas sobre la orientación sexual, etc.

A medida que vamos creciendo, las personas asimilamos una serie de normas conectadas a las relaciones de pareja. También aprendemos cómo “debemos” comportarnos y actuar con esa persona.

Nos enseñan que las niñas han de ser educadas y esperar que sean los niños quienes vengan a conquistar nuestro corazón, o que es el hombre el que cambia las bombillas y el que sabe montar los muebles del Ikea. Son ideas que, inconscientemente y en mayor o menor medida, nos implantan en nuestro cerebro desde que somos pequeños. Afortunadamente, estas ideas están siendo derrotadas gracias a personas que luchan por una convivencia justa y pacífica entre hombres y mujeres. Sin embargo, estas ideas aún tienen fuerza y son las que, a veces, dificultan la convivencia o los buenos tratos dentro de la pareja.

La mayoría de las parejas cree que la clave está en el amor. Lo que no saben es que la verdadera clave está en saber convivir con el otro, comprenderlo y aceptarlo. La terapia de pareja es el terreno donde se analizan los encuentros y desencuentros, los intentos fallidos de comunicación, los celos, los límites entre ambos miembros, el terrible trato con la suegra, los sospechosos mensajes de WhatsApp y un interminable etcétera que se incluye dentro de esta compleja unión entre dos personas.

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Educación sexual

¿Os acordáis de cuando vinieron al instituto para repartir preservativos? ¿Y ese momento en el que un experto en látex nos enseñó a ponerle el condón a una banana?

Hoy en día, se confunde la educación sexual con la enseñanza de colocar correctamente un preservativo. Después de tantos años de lucha por ofrecer unas nociones sexológicas constructivas en los jóvenes, la única norma que ha quedado grabada en nuestra memoria ha sido el famoso “Póntelo, pónselo”. Hemos descartado todo lo que pasa antes y después de ese famoso suceso heroico y que tan laborioso nos pintan. Parece ser, pues, el único acto que tiene importancia a la hora de adoctrinar a los jóvenes.

Sin olvidarnos de los no tan antiguos anuncios de preservativos que alarman sobre las dichosas “Enfermedades de Transmisión Sexual” y que nos puede contagiar Fulanito o Menganita. El principal objetivo aquí es que compres látex y tengas cuidado. En otras palabras: “Olvídense de disfrutar y teman por su salud sexual”.

¿Qué tipo de Educación Sexual es esta? He aquí la triste respuesta: una educación que se dedica a evitar lo malo en vez de promover lo bueno. Una educación que nos enseña lo que NO hay que hacer a través de amenazas y temores.

Los sexólogos velamos por una Educación en la que se destaque el Sexo como cualidad y como valor. La Educación Sexual no consiste en repartir preservativos al final de una charla. Es cierto que los sexólogos estamos bien formados e informados para poder brindar un coloquio acerca de los métodos anticonceptivos y las Infecciones de Transmisión Genital (ITS). Sin embargo, consideramos más importante el trato con los demás. El contacto. Las relaciones personales y entre los sexos (hombres y mujeres). Queremos que la gente entienda que Sexo no es sinónimo de genitales.

Queremos que la Educación Sexual sea una asignatura obligatoria en colegios e institutos. Los niños y las niñas necesitan una educación cuyos ingredientes sean la madurez y la cordura. Una educación que les enseñe a convivir pacíficamente entre ellos y tratarse con respeto desde edades tempranas.

Más concretamente, deberíamos llamarlo Educación de los Sexos.

Es cierto que hemos visto avances en este último siglo, cuando toda educación sexual era sostenida por la prohibición y el ocultamiento. Sin embargo, aún nos queda mucho camino por andar.

Asesoramiento sexológico

Este nivel de intervención se encuentra dentro del famoso couselling. Para los lectores que no sean expertos en Psicología, diremos que el couselling (o consejo psicológico) es un tipo de terapia en la que el profesional baja de su trono para estar a la misma altura que la persona que pide ayuda. De esta manera, podemos servir de guía a esa persona para que, por sí sola, sea capaz de cambiar a través de sus recursos y destrezas.

Todos hemos necesitado consejo alguna vez. Ya sea por miedos, vergüenza, temas de pareja, autoestima o, simplemente, falta de información. El objetivo de estas personas es resolver dudas e interrogantes.

¿Quién no se ha sentido alguna vez “torpe” con respecto a temas eróticos? ¿Quién no ha tenido dudas o quebraderos de cabeza sobre su sexualidad?

Sería interesante comparar a un asesor laboral, por ejemplo, con la figura del sexólogo. Un asesor es una persona que se dedica a resolver ciertas dudas o cuestiones acerca de un tema específico y poco conocido para la otra persona.

El trabajo de un asesor no es, ni más ni menos, que el ofrecimiento de consejos, recomendaciones y/o sugerencias sobre un tema o ámbito en el que está especializado. La gente suele ir a una asesoría de imagen cuando siente que necesita ayuda a la hora de vestir, combinar su ropa o proyectarse mejor hacia el exterior. Es decir, gustar más y gustarse más.

Del mismo modo, un sexólogo que ofrece asesoramiento sexológico, es alguien que se ofrece como consejero en temas como la erótica o la sexualidad.

Nuestro propósito no es otro que el de ayudar a las personas a sentirse más seguras y menos ignorantes en este maravilloso mundo que es el Sexo. Pues, como dice Billie Joe:

I walk alone but… Sometimes I wish someone out there will find me.

Y nosotros siempre estaremos ahí para ayudarte.