Una alternativa a cómo nos relacionamos

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Esto se acaba, después de un primer artículo donde vimos toda la parte teórica de este tema, y un segundo donde nos aproximamos a las dos primeras herramientas para modificar nuestras creencias, llegamos a la última parte.

En este artículo conoceremos cómo abrirnos al cambio a través del contexto social, cómo utilizar la reflexión para optimizar este proceso de cambio y cómo enfocar la práctica. Dicho esto, 1,2…1,2,3 y…

1.  Apertura al cambio: contexto social.

¡Mami yo no quiero pescado¡¡Mama te he dicho que yo no como pescado!¿Mama, vengo una vez cada dos meses a casa y me pones pescado?

Imaginaros esta escena, toda la vida odiando el pescado, sin comerlo durante años. Pasado ese tiempo, las circunstancias nos llevan a estar comiendo en casa del novio o de la novia, y tenemos la mala suerte de que la suegra nos ha cocinado merluza. De repente, sudorosos, nerviosos y reticentes le damos un bocado pequeño y ¡bum! ¡Pero si me gusta el pescado! Y al final de la noche se lo contamos a nuestra madre y nos deshereda.

Pero fijaos bien, que para darnos cuenta de eso, previamente hemos pasado años cerrados al cambio, sin permitirnos volver a probar el pescado, y ha sido una circunstancia externa la que nos ha hecho cambiar, podríamos haber pasado toda la vida sin darnos cuenta de no ser por eso.

¿No sería más fácil y menos costoso estar abiertos al cambio? ¿Ser la causa del cambio, y no vivirlo como una consecuencia de algo ajeno?

 Por llevarlo a un ejemplo más adaptado a las relaciones. Imaginaros que somos una de esas personas que piensa que “las personas no se sienten atraídas por aquellos que se muestran vulnerables”. La primera opción es evidente, asumimos eso y vivimos toda una vida así, con lo que previsiblemente será una angustiosa experiencia de nuestras relaciones con las personas que nos atraen; sin permitirnos fallar, tener miedo y mucho menos que eso lo perciba la otra persona.

Ahora  planteemos qué pasaría si habitualmente estuviésemos dispuestos a relacionarnos con cualquier persona, en el autobús, en el metro, en clases de baile, en un viaje, en una fiesta… expresando nuestros sentimientos, emociones e inseguridades cuando surgen, y preguntándoles lo siguiente: ¿Qué te parece que sienta esto y te lo diga?¿Te parece atractivo? -ajustándolo al lenguaje que utilicemos en ese contexto concreto-.

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Probablemente nos encontraríamos con múltiples respuestas. No negamos que alguna persona pueda sentirse exclusivamente atraída por la genuina seguridad, pero a medida que ampliamos la perspectiva y los límites de nuestro conocimiento, nos damos cuenta de que los gustos de una persona pueden ser muy variopintos y diferentes, y que además cuando nos mostramos vulnerables favorecemos que la otra persona también pueda hacerlo, y que esa comodidad permita aumentar las posibilidades de generar una mayor conexión.

¿Os dais cuenta entonces? Tan importante es moverse por contextos que puedan permitirnos cambiar: nuevos lugares de ocio, de viajes, de trabajo etc. Como estar dispuestos a esa opción de cambio.

Podemos tener las mejores gafas de Alain Afflelou, incluso tener el segundo par de gafas gratis, pero si no estamos dispuestos a abrir los ojos, seguiremos sin ver nada.

2. Reflexión: teoría-práctica-teoría

Las creencias son aspectos profundos de cada uno de nosotros. Podríamos decir que son atajos, o ideas automáticas, que nos permiten interpretar el mundo rápidamente utilizando pocos recursos. Por eso mismo no es tan fácil cambiarlas, porque son parte del cimiento con el cual construimos el mundo como decia el psicólogo George Kelly.

Pero no solo este psicólogo fundamenta esta perspecitva, en un estudio realizado por Lerner y Miller (1978) http://psycnet.apa.org/journals/bul/85/5/1030/ analizaron una creencia habitual que es la de considerar que “el mundo es justo”. Esto lleva a asumir por ejemplo que los enfermos merecen su enfermedad, o los pobres su pobreza, por una cuestión de economización de recursos mentales.  Los autores concluyeron lo siguiente:

“La creencia de que el mundo es justo capacita al individuo para enfrentarse a su entorno físico y social como si fueran estable y ordenado. Sin tal creencia sería difícil para el individuo que se comprometa a la consecución de objetivos a largo plazo o incluso al comportamiento socialmente regulado de la vida del día a día “

Esta creencia no está especialmente relacionada con el contexto que tratamos aquí, pero el estudio evidencia la utilidad de las creencias para generar orden y estabilidad en nuestras experiencias sin tener que analizar exhaustivamente cada situación concreta; creamos constructos como diría Kelly.

Además, una creencia puede formarse muy rápidamente  en nuestra infancia, y luego ser complicada de cambiar. Como por ejemplo ocurre con las personas que han sido criadas en un ambiente racista o sexista. Sin embargo, el objetivo es posible si asumimos que será necesario un proceso de cambio.

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Y como proceso, es necesario que reflexionemos. Si las creencias no cambian inmediatamente, es lógico sugerir que las pautas que hemos planteado deben aplicarse disciplinadamente, es decir, con hábito y constancia. Eso implica:

  1. Observar la realidad y a nosotros mismos.
  2. Aplicar las pautas
  3. Obtener cambios en el resultado y el proceso de la experiencia.
  4. Reflexionar: ¿Qué ha cambiado? ¿Qué ha provocado esos cambios? Etc.
  5. Aplicar las pautas, ajustándolas a esa reflexión (teoria).
  6. Nuevos resultados.

Este ciclo, se repetirá más o menos veces, en función de la importancia de las experiencias que vivamos, la intensidad de nuestras propias creencias hasta ese momento, o la eficacia y constancia con la que apliquemos esas pautas, entre otras causas.

3. Practicar y ser justos con nosotros mismos.

¡Ojo y pestaña a este último apartado! Ninguna de estas pautas tiene sentido ni efectividad si no lo complementamos con las acciones y conductas en nuestro día a día. De nada sirve recitar frases poéticas y fantásticas al espejo, si cada día de nuestra vida actuamos de la misma forma cerrada, equivocada y poco congruente a nuestro propósito.

Pongamos el caso de tener como creencia limitante la de: solo puedo atraer a una persona si soy perfecto. Ya sería importante dar pasos en cuanto a todo el aspecto mental, pero si al final cuando quedamos con esa persona seguimos tratando de ser perfectos, pocos resultados conseguiremos.

Es necesario permitirnos experimentar situaciones distintas, actuar de forma diferente, pensar de forma diferente, sentir de forma diferente. Recordad que queremos cambiar creencias, y “cambiar” está delante de “creencias”.

En el ejemplo que hemos puesto, será necesario no solo plantear una nueva mentalidad, y estar predispuestos a entender qué quieren las mujeres de los hombres, por poner ese caso, sino que además será preciso que actuemos permitiéndonos fallar, ir despeinados, decir una broma que solo nos haga gracia a nosotros, o no pagar sus cervezas si no tenemos un duro.

Y aparte de eso, es necesario, útil y justo con nosotros mismos ser generosos a la hora de reconocer y premiarnos los pequeños pasos que vayamos dando. Nadie se convierte en un gran músico o un gran cocinero de la noche a la mañana. Tenemos que estar dispuestos a tolerar y buscarles una utilidad a nuestros fallos, pero también a ser conscientes y alegrarnos de los aciertos y los exitos que consigamos.

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Imaginaros que pasaría si cada vez que Eric Clapton, el gran guitarrista, dominaba un nuevo acorde mientras aprendía, lo hubiera pasado por alto y no se hubiera alegrado por ello, ni lo hubiese vuelto a usar nunca más. ¿Habría llegado a ser el guitarrista que es hoy? ¿Habría siquiera aprendido a tocar?  No somos adivinos, pero es probable que al menos no fuese quien es hoy respecto a la música.

Por eso os invitamos a que para aprender a tocar la guitarra de las relaciones interpersonales, estéis dispuestos a tolerar tocar mal los acordes, y también a ser justos y  alegraros y sonreír cada vez que clavéis un “solo”.

Al final, nuestra vida es una interacción de conductas, pensamientos, emociones, experiencias…si eliminamos uno de los elementos de la ecuación, la mesa cojea, de ahí la importancia de no quedarse solo en la teoría, y sumergirse también en la práctica. Para terminar, explicitar que las creencias solo cambian de la mano de nuestras experiencias:

“Si nos cerramos al cambio de las experiencias, nos cerramos al cambio de las creencias. Y si nos cerramos al cambio de las creencias, nos cerramos al cambio de las experiencias.” 

Wilton Araujo Dos Santos

Fernando Díez Serrano

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Fernando Díez Serrano
Psicólogo general sanitario y fundador de Psicorockgía. He sido ponente en TEDxCalledelacompañia y he colaborado con empresas como Psiky, Egoland o Psicología y Comunicación. Actualmente ejerzo de psicólogo en Clínica Centro Estación en Ávila. La clave para dar sentido a la vida está en el arte, está en la música.