Trastornos de la conducta alimentaria y deportes (II)

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En el artículo anterior hablábamos de aquellos deportes que se consideran un factor de riesgo para el desarrollo o el mantenimiento de los trastornos de la conducta alimentaria y comentábamos las hipótesis existentes que explican el desarrollo de los mismos.

En este artículo continuaremos con el tema: comentaremos por qué los deportes mencionados se consideran un factor de riesgo para el desarrollo y el mantenimiento de los trastornos de la conducta alimentaria y explicaremos cómo podemos prevenir su aparición.

 

¿Por qué algunos deportes se consideran factores de riesgo?

En artículos anteriores explicábamos que los factores de riesgo son situaciones, rasgos de personalidad o vivencias que dándose a la vez pueden favorecer el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.

Es necesario tener en cuenta que no todo el mundo que se encuentra en situaciones de riesgo desarrolla un trastorno de este tipo. Sin embargo, de cara a la prevención hay que tener en cuenta que las personas que están bajo estas circunstancias forman un grupo vulnerable ya que tienen más posibilidades de desarrollar un trastorno de este tipo.

Analizándolos exhaustivamente, podemos observar que los deportes mencionados suponen un factor de riesgo por los siguientes motivos:

En primer lugar en este tipo de deportes existe muchísima competencia. Comentábamos en el artículo anterior que perdiendo peso los deportistas podían mejorar de una manera o de otra su puntuación en la competición. Las personas que practican estos deportes intentan perder peso con más frecuencia que las personas que realizan otros deportes.

En segundo lugar debido a que son deportes de competición hay muchísima presión: compañeros, entrenadores e incluso padres. Los deportistas piensan que para poder llegar a la meta más fácilmente deben adelgazar. Cómo podemos ver, de nuevo la delgadez es sinónimo de éxito, importando muy poco los riesgos que conlleve.

En tercer lugar estos deportes “esconden” las conductas que realizan los deportistas para adelgazar. Algunas de estas conductas no están “socialmente aceptadas” por el riesgo que conllevan.

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Sin embargo en este tipo de deportes esas conductas se normalizan y se excusan argumentando que se realizan por la consecución del éxito o de la meta. Por lo tanto si una persona padece alguno de estos trastornos no tiene que ocultar continuamente las conductas que realiza para adelgazar ya que en su entorno es algo “normal”.

En cuarto lugar parece que la situación se agrava si los deportistas comienzan a hacer dieta a una edad muy temprana. Lo suelen hacer para conseguir agradar a su entrenador: de esta manera logran que este les felicite y les dé su aprobación.

En quinto lugar, ciertos investigadores hablan de “niñas portadoras”.  Con este nombre, hacen referencia a chicas que, sin padecer ningún tipo de trastorno de la conducta alimentaria, pueden favorecer que otras enfermen debido a su obsesión por la estética y la alimentación. Se encuentran en deportes en los que la presencia es muy importante.

En sexto lugar podemos mencionar la aparición de los caracteres sexuales secundarios (las caderas y el pecho). Es un factor de riesgo que afecta a las chicas. Ellas ven que su cuerpo está cambiando y que están “engordando”. Se dan cuenta de que nunca volverán tener el cuerpo de niña que tenían por lo que comienzan a realizar conductas para poder minimizar su peso.

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¿Cómo podemos prevenir su desarrollo?

Como hemos comentado anteriormente no todas las personas que practican este tipo de deportes desarrollarán un trastorno de la conducta alimentaria. Sin embargo, es necesario considerar a estos deportistas grupo vulnerable ya que existe una probabilidad más alta de que se desarrollen el trastorno.

Por lo tanto es necesario incrementar los recursos de cara a la prevención. De esta manera los grupos más vulnerables se fortalecen y el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria en estos desciende. A continuación veremos algunas acciones que podríamos hacer para prevenir estos trastornos.

En primer lugar sería necesario controlar el peso del atleta y realizar un análisis nutricional para determinar las características de la dieta: si es equilibrada, qué alimentos se ingieren, cuales se restringen, si toman suplementos dietéticos, etc. Siempre supervisado por un nutricionista o un profesional especializado.

En segundo lugar los deportistas, sus padres y sus entrenadores deberían recibir información sobre el riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. Cada uno debería recibir la información adecuada a su papel.

El objetivo de la educación a los deportistas sería aclarar mitos que acompañan a la pérdida de peso, al peso ideal y al rendimiento deportivo. Esta información la tendrían que recibir al inicio de su carrera o en una fase precoz, antes del desarrollado de cualquier trastorno. En diferentes estudios se ha comprobado que, una buena educación sobre el deporte y la nutrición minimiza las posibilidades del desarrollo del trastorno.

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En cuanto a los entrenadores, es importante que reciban educación en lo referente a las exigencias dietéticas y a la sintomatología de los trastornos. De esta manera podrían detectar casos precoces entre los deportistas.

La educación a los padres y es muy importante. En muchas ocasiones por no tener conocimiento suficiente se ayuda a los niños a hacer dieta para entrar en una o en otra categoría. En realidad en este caso los padres le están diciendo a sus hijos que necesitan adelgazar para entrar en una categoría específica y deportista adelgazará para conseguir la aprobación de sus padres. Se puede observar que, debido al desconocimiento podemos llegar a empeorar la situación.

En tercer lugar sería bueno considerar la necesidad de promover cambios en las regulaciones deportivas con objeto de evitar en diversos deportes la promoción de pesos corporales y porcentajes de grasa excesivamente reducidos.

Finalmente sería necesaria la presencia de un psicólogo y de un nutricionista en centros donde se realice este tipo de deportes. De esta manera por un lado padres, deportistas y entrenadores podrían recibir una buena educación sobre la prevención de los trastornos de la conducta alimentaria. Por otro los deportistas tendrían una dieta equilibrada y controlada por profesionales.

Activando todos estos recursos conseguiremos minimizar el riesgo del desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria, detectar casos precoces de estos trastornos y ayudar a las personas que ya han desarrollado el trastorno, que como siempre son lo más importante.