The Son of Wood revienta Salamanca

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Las luces siguen dormidas, y los murciélagos sollozan lamentos en la lejanía de una oscuridad que apenas conozco. Moverse entre la negrura es un acto de fe, una conversación a solas con tus fantasmas, tus sueños incumplidos y los recuerdos que te persiguen al infinito.

El pueblo se reúne en torno a la arena, y pide sangre, honor y gloría. Una rama se rompe, todo se queda en silencio y el pie de un lobo aparece en cámara. Se me para el corazón y después todo se termina.

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Son las 10 de la noche y camino por la ciudad de los recuerdos. Somos 4. Cada paso es una risa, y cada risa un momento. Unos somos de aquí, otros de allá. De tal idea y de la contraria. A lo lejos una luz y el CAEM. La Sala B.

Estilo, evolución y un nuevo reto. Una manager en la puerta. Amiga, de las altruistas. Y mucha gente conocida en los alrededores. Entro por lista, y me siento vivo y un impostor al mismo tiempo. No soy músico ni periodista, pero mi vida siempre ha estado decorada con ella. Y hoy es un gran día. Me siento afortunado de aportar mi grano de arena. Es viernes 26 de Abril de 2019, y hoy tenemos una cita con The Son of Wood.

Gente intensa. Músicos. Colegas. Historia. La sala esta al filo de empezar a hervir. Es una puta pasada. La arena en el medio y progresivas gradas alrededor para que la gente se tumbe a ver el espectáculo. Y el negro del lugar nos reduce a un misterio y una incertidumbre que somos todos. 

Salen a escena como quien sale en un micro abierto. Sin florituras, sin espectáculos de luces. Se llevan bien. Se respetan. No parece haber cambiado nada. Y sin embargo parece que han cambiado por completo. Comenzamos con algo de lo nuevo: “Camino”, “Hacen«, “La lucha de los vientos”.  Hay más caña en las guitarras, menos finura y eso nos mola a los rockeros. La batería suena potente. Y traen a Diego de Zero, que también es conocido y se sabe todos los instrumentos de memoria, como si los hubiera inventado.

Vida de revista es la canción que conecta con el sufrimiento de luchar cada día por sobrevivir. Una balada de country, digna de tocar en una mecedora sobre un porche de madera, y junto a un banjo y un rifle. Qué gozada. Podría morir ahora mismo y estar en paz.

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Botas y nubes para el siguiente tercio. Un sector más melancólico, más de unir a la peña, de cantar abrazados. Y lo saben hacer. Entre medias Sergio (voz y guitarra) y Fer (bajo) se reparten los mensajes al público. El resto aguarda a hablar a través de la música.

Mares de arena, 2030, La niebla, Vive cerca. Buen material para empezar y Vive Cerca suena mejor que antes incluso. Tienen una bomba en el escenario. La violinista, Lucia.

Miro alrededor en cada solo de violín, y todo son bocas abiertas. Todo es un viaje interior de cada uno, en torno a su mano, su arco y sus flechas. Una chica sencilla, abrumantemente amable, que cuando sostiene su instrumento hace las delicias de los antiguos renacentistas y suena de puta madre.

Es tan dulce como cañera y eso le hace conectar con la esencia de este grupo que viene del folk, country, rock, blues…y todo lo que tiene que ver con la buena música del siglo XX.

Fer al bajo, sabe donde situarse, mantiene el tipo y se adapta. Ha sido un camino duro,  lo sabemos los que le conocemos. Pero el tío le echa pelotas, y lo demuestra ahí arriba. Es inteligente, sabe adaptarse. Y en su interacción parece que es un símbolo de unión en el grupo. Como decía el compositor francés Claude Debussy, la música es el silencio entre las notas.

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Han traido tres invitados: Xavy AKD, Diego (Zero) y Gonzalo Fantasía. Rap, percusión, guitarra y saxofón. Lo tienen todo. ¡Qué coño si hasta van a grabar con el vocalista de la MODA!

Hugo es la mano, el segundo de capitanía, «the right hand person» del líder. Es un guitarrista de los duros, de meter caña y distorsión. Un viejo rockero. Pero aquí engancha la batería y no pierde personalidad. Tiene humor, garra y desparpajo. Sin florituras, sin excesos, limpio, directo y certero.

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Da estabilidad al grupo, marca el paso, el ritmo y el viaje. Se entienden a la perfección con él, y eso agrada al oído del espectador. Sobre todo al rockero.

Pero no puedes irte sin oler la madera. Vieja y barnizada. Bien tratada. Lo encantador de lo antiguo, lo útil de lo vintage. Original y conocedor de la historia. Sergio es el líder. Se ha hecho a si mismo. Desde abajo, desde la calle. Destrozando su garganta y recuperándola delante de turistas, estudiantes y cafeteros. En el barro, una y otra vez. No se lo han regalado.

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Hasta que es capaz de soltar un alarido y dejar en silencio a más de 200 personas. Se baja del escenario y se marca un acústico con Chico Nube. Se sube y se fusiona con los suyos.  Se hace más fuerte. Se gana el respeto de sus críticos. Y en el último zarpazo a la guitarra del concierto rompe una cuerda. Como debe ser. Como los grandes. Rozando el límite y reventándolo al final. ¿No rompia Kurt Cobain todas sus guitarras al final del concierto?

Vive Cerca nos deja de fondo la inconfundible voz de Fran Mariscal. Rota y profunda. Para darle un color inimaginable a una gran canción.

Vida de revista, el Faro e Hijos de la Libertad son el colofón de un espectáculo digno de los grandes grupos nacionales. La peña saltando como locos, cantando como locos, y el bosque ardiendo de euforía, exaltación y furia. 

Hace falta mucho curro para que vayas donde vayas digan “este chico tiene madera” o este grupo suena diferente. No es casualidad que se llame The Son of Wood. No es casualidad que detrás de ellos haya todo un bosque.

Falta poco para que estrenen «Naúfragos«, su nuevo trabajo. Vienen pisando fuerte, son ambiciosos y tienen mucha gente detrás. Van a por todas y tienen talento. Escuchen con atención, porque no hace falta una gran discográfica detrás para hacer que la gente se emocione.

Larga vida a Sergio, Fer, Hugo y Lucía.

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Fernando Díez Serrano
Psicólogo general sanitario y fundador de Psicorockgía. He sido ponente en TEDxCalledelacompañia y he colaborado con empresas como Psiky, Egoland o Psicología y Comunicación. Actualmente ejerzo de psicólogo en Clínica Centro Estación en Ávila. La clave para dar sentido a la vida está en el arte, está en la música.