Cómo solucionar problemas en la pareja

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Tras haber diferenciado en publicaciones anteriores los problemas que pueden solucionarse de los que no, en este artículo nos centraremos en cómo resolver los problemas solubles.

¿Lo aprendemos juntos mientras disfrutamos de The Strokes?:

Es importante adquirir herramientas para hacerles frente porque el hecho de que un problema pueda solucionarse no implica que sepamos cómo hacerlo.

A veces también nos ocurre que, al intentar resolverlo, empeoramos la situación. ¿Por qué ocurre esto? Porque nuestro intento ha fallado en algún punto. Por supuesto no lo hacemos queriendo y nos frustramos, ya que nuestras intenciones eran positivas.

Aunque en artículos anteriores hemos dado algunas pinceladas a las formas de comunicación más positivas que podemos poner en práctica en nuestras relaciones, en este hacemos más hincapié en el manejo del conflicto cuando este ya se ha formado (porque, como hemos repetido hasta la saciedad en diferentes publicaciones, el conflicto es inevitable).

Y bien, llegó el momento: ¿cómo manejar los conflictos inter-personales que se nos presentan? ¿Cómo solucionar los problemas en la pareja?

Mantener nuestras emociones bajo control

Tranquilizarnos a nosotros mismos y, de paso, tranquilizar al otro: está demostrado que nuestra activación aumenta si la persona que nos acompaña también está activada. Lo mismo ocurre al contrario: ver a nuestra pareja, familiar, amiga o amigo tranquilo puede hacer que ese estado se nos contagie en mayor o menor medida.

Rebajar nuestra activación nos va a ayudar a abordar el conflicto de otra forma, tanto si queremos responder a un debate que ha iniciado la otra persnoa como si queremos exponerle a esta algo que nos ha sentado mal.

Tomar conciencia de lo que estamos sintiendo (lo adelantamos: será irá) y tomarnos un tiempo para que la emoción se reduzca es básico en este punto. También tendremos que tranquilizarnos en diferentes puntos temporales del propio devenir de la discusión.

Una vez en frío, organizaremos las palabras a expresar para solucionar un problema y no hacerlo más grande. Las pautas básicas para expresar algo que nos ha molestado sin crear un conflicto o, al menos, haciendo lo posible por minimizarlo, han sido tratadas en artículos anterioes, y puedes echarles un vistazo en La comunicación en la pareja y en Cómo mejorar nuestra relación de pareja.

Disponemos de la habilidad de expresar las cosas de una forma “suave”, pero se nos olvida ponerla en práctica con personas con las que tenemos confianza. Si tenemos un invitado y rompe un vaso de nuestra casa, no se nos ocurriría decirle: “¡ya lo has vuelto a romper! ¡no voy a volver a invitarte a mi casa!”, ¿verdad que no?.

Aceptar los sentimientos del otro

¿Qué fácil suena, verdad?

Toda persona, cuando manifiesta un problema, necesita sentirse entendida y escuchada. Esto no quiere decir que demos la razón a nuestra pareja, amiga, amigo o familiar en todo lo que diga si no estamos de acuerdo. Significa más bien que debemos hacerle saber que entendemos su sentimiento frente al problema (tanto si el problema nos incluye como si no).

Men Couple in Istria Croatia - Cómo solucionar problemas en la parejaEntender el sentimiento de otro implica aceptarlo como persona, aceptar su forma de ser y aceptar sus reacciones internas frente a un determinado acontecimiento. Hacerle ver a una persona que lo que siente “no es normal”, “no es para tanto” o mostrarle que “no entiendes cómo ha podido ponerse así” en una determinada situación no ayudará.

Esto ocurre porque sentir que el otro no nos acepta como persona es algo doloroso. Tomamos nuestros sentimientos como algo nuestro, inherente a nuestra persona, porque de hecho, lo son. No podemos controlar lo que sentimos, pero sí la forma en la que lo exteriorizamos. Es por ello que nos dolerá si alguien nos recrimina algo que no podemos controlar.

En otras palabras: no es lo mismo lo que sentimos que cómo expresamos lo que sentimos. Si nos ha molestado la reacción del otro podemos especificar, tras entender a la persona, que nos gustaría que cambiara su forma de expresar el sentimiento (por ejemplo, tomar una actitud altiva en el conflicto) pero será contraproducente expresar que no toleramos que se sienta así, puesto que la otra persona se ofenderá.

Solo nos sentimos dispuestos a cambiar si nos sentimos aceptados como somos. Si nos sentimos atacados, adoptaremos una posición de defensa y pensaremos “voy a seguir siendo así, digas lo que digas”. Esto no nos suena a chino, ¿verdad?

Como siempre, vamos a por un ejemplo práctico de un problema que puede ser resuelto:

Juan y Daniel siempre se escriben un Whatsapp por la noche, antes de irse a dormir. Últimamente Juan está muy agobiado en el trabajo y se le olvida mandarle un mensaje justo antes de irse a la cama. Daniel entiende esto como una falta de interés hacia él y hacia la relación y se pone furioso al no recibirlo.

  1. Juan le dice a Daniel: “no es para tanto, no entiendo el pollo que me estás montando por esta tontería”.
  2. Juan le dice a Daniel: “entiendo cómo has podido sentirte. Ya sé que te encanta que te escriba por la noche, pero ayer estaba bastante agobiado por el tema del trabajo y no me acordé”. (Transfórmese a gusto del consumidor: el objetivo no es dar una respuesta prefabricada, si no captar el mensaje y hacerlo nuestro, sintiéndonos cómodos al expresarlo.)

Está claro que, para optar por la respuesta B, debemos haber trabajado antes para tranquilizarnos a nosotros mismos, como hemos especificado en el punto anterior.

Detengámonos aquí para observar las diferencias que podría causar en Daniel cada una de las dos respuestas. Si bien es verdad que la reacción de Daniel ante el descuido de Juan podría haber sido menos acentuada, la forma de explicitarlo de Juan también tiene un papel en el conflicto que, a partir de aquí, pueda desencadenarse.

Si Juan elige la opción A, Daniel se siente juzgado y atacado, puesto que el sentimiento que ha expuesto no ha sido validado.

Si Juan elige la opción B, Daniel recibirá el siguiente mensaje: te acepto incluso aunque estés enfadado. Sin duda, parece la opción más acertada si lo que queremos es solucionar el conflicto y reducir su implicación.

¿Quieres seguir conociendo los pasos a seguir para manejar los conflictos que pueden darse en tus relaciones? ¡No te pierdas la siguiente entrada!

Gottman, J. y Silver, N. (2014). Siete reglas de oro para vivir en pareja. Un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia (5a ed.). Barcelona: Debolsillo.

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.