Cómo sentirse más seguro al relacionarse

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Somos humanos, y como tal sufrimos el dolor, la tristeza o la culpa de las circunstancias y experiencias de nuestra vida. Sabemos que existen emociones que generan este tipo de sensación, algunas llamadas “básicas” como la tristeza o el miedo; otras “secundarias” como la ansiedad  o la angustia.

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Sin embargo encendemos la televisión, ponemos cualquier canal y ahí están todos esos seres humanos aparentemente perfectos. La cultura del perfeccionismo, “consume y consume hasta que alcances ese objetivo”. Un viaje eterno en círculo, un bucle interminable, una prisión dónde cumple condena nuestro bienestar social.

En este artículo vamos a hablar de la vulnerabilidad, y de un cambio de perspectiva que por momentos parece necesario en las vidas de muchos. Vivimos en el mundo de “no tengas miedo”, y aún así en muchos momentos lo tenemos. ¿Qué hacer? ¿Cómo convivir con eso? Estas preguntas y otras muchas serán abordadas a lo largo de este artículo sobre cómo sentirse más seguro al relacionarse.

Encended vuestras radios, que empieza el concierto:

“¿Qué consejo me darías para ponerme menos nervioso mientras hablo en público o mientras estoy con la persona que me gusta?” Cualquiera de las dos alternativas de esta pregunta compuesta, es una de las cuestiones que más nos han realizado en los últimos meses.

Sentimos nervios delante de un público y sentimos ansiedad cuando estamos con esa persona o queremos acercarnos a conocerla. Pero, ¿por qué nosotros? Al fin y al cabo la cultura al más puro estilo Telecinco, nos muestra permanentemente que los demás, los de ahí fuera, los “otros, no sienten ningún miedo.

Cuerpos de hombres perfectamente cuidados y mujeres físicamente espectaculares. Miramos en nuestro entorno; trabajo, universidad, lugares de ocio etc. Y parece que todo el mundo tiene mucho más control que nosotros.

“Ellos no parecen nerviosos, se les ve cómodos.” Y sin embargo, cada vez que hablamos de este tema con amigos, conocidos o compañeros de trabajo, la gran mayoría de las personas afirman sentirse así en determinados momentos.

¿Qué está ocurriendo? ¿Somos todos héroes o somos todos vulnerables? ¿Son vulnerables los héroes? ¿Podría ser?

Todos  tenemos miedo

Eric Clapton, quizás uno de los cinco mejores guitarristas de todos los tiempos, que tan solo hace un mes ha anunciado su retirada de los escenarios por una enfermedad  neurodegenerativa, y al que desde aquí le dedicamos este artículo, nos dio la clave.

En una entrevista, afirmó que después de tantos años encima de un escenario, todavía cuando subía sentía esa ansiedad previa, y mientras tocaba no paraba de pensar en cómo era posible que los demás no se diesen cuenta de que se estaba equivocando permanentemente.

¿Equivocarse uno de los reyes de las seis cuerdas? ¿Cómo puede ser eso? Hace cosas con las manos que la mayoría de nosotros ni soñaríamos. ¿Puede ser posible estar nervioso y ser habilidoso al mismo tiempo? ¿Podemos hablar en público con ese miedo de la mano? ¿Podemos conectar con esa persona sintiendo esta ansiedad?

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Hay ciertas emociones que son básicas en todo ser humano, todos las sentimos, sin que nadie se libre, en situaciones diferentes: alegría, tristeza, ira, sorpresa, asco y miedo. Todos, desde Eric Clapton hasta Jimi Hendrix, pasando por el niño que toca en el conservatorio de nuestro barrio.

Y cada vez que subimos al escenario, o hablamos con una persona que nos atrae, muchos tenemos esa sensación que parece decirnos “esto no debería ser así”.

El miedo al miedo

Si recapitulamos sobre lo escrito hasta ahora, podemos concretar dos grandes ideas: la cultura de hoy en día nos mueve hacia la idea de que alcanzaremos el éxito cuando no tengamos miedo; y por otro lado, está la idea de que todos, sin excepción sentimos miedo en determinado momento –u otras emociones de las que hemos hablado.

Ahora bien, no todos vivimos el miedo de la misma manera, con lo cual, si nos referimos a la experiencia subjetiva de cada uno, parece probable que lo que significa el miedo para alguien, para otra sea algo totalmente distinto.

Traduciendo, nuestra propia percepción del miedo modifica el mismo. Si tenemos miedo al miedo, la experiencia subjetiva de este último será mucho más nociva e incómoda, que si aprendemos a convivir, aceptar e incluso disfrutar -si colegas, nos habéis oído bien- del miedo.

¿Os suena el término “conducta de evitación”? Permitidnos proponer entonces la descabellada idea, de que cuando tenemos esa actitud más propia del mítico programa “El Grand Prix” que de otra cosa: “por favor, qué no me explote a mí la patata caliente”, con nuestro miedo, realmente lo estamos evitando.

Y alguien dirá con todo el derecho del mundo: “no, porque cuando yo hablo en público, o hablo con esa persona, realmente siento ese miedo”. Sí, pero ¿cuántas veces estas situaciones se dan por una decisión fruto de la reflexión, deliberación y voluntad de cada uno de nosotros? ¿Cuántas es porque “nos toca”? ¿O porque nos pilla por sorpresa? ¿No estamos evitando en estos dos últimos casos lo inevitable?

Así que cuando llega estamos más asustados, más tristes, más expuestos y la situación es mucho peor.

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Tenemos derecho a ser vulnerables

Y lo decimos mirando a los ojos a los nuevos hombres adictos al gimnasio y a nada más. Lo decimos mirando a los ojos a la cultura de la “superación sin límites”. Y sí, lo decimos mirando a los ojos al viejo de Chuck Norris: tenemos derecho a ser vulnerables.

-Pero qué locos, cómo vais a provocar de esa manera al bueno de Chuck.

-Si bien, no os alarméis, que esto es metafórico, tampoco hace falta que se entere. Un poco de Rock es suficiente, no hace falta bajar al infierno.

Chicos y chicas, nos gustaría plantearos dos casos distintos de cómo una persona puede presentarse ante nosotros, simplemente para darnos cuenta de con qué concepto nos sentimos más cómodos. Y como ya dijeron “Los Chanantes” voy a presentaros a Rosario, que es un nombre que vale tanto para hombre como para mujer:

Caso 1:

Hola soy Rosario, y la verdad es que soy un partidazo, voy mucho al gimnasio, estoy haciendo una dieta muy estricta, y bueno, creo que se nota a la legua. Tengo un Mercedes ahí aparcado en la puerta, luego te lo enseño. Y nada, me encanta salir de fiesta, no paro nunca, soy el alma de las discotecas de Madrid. Al final está mal que lo diga, pero soy el puto amo, ¿no crees? Sí, lo crees.

Probablemente estamos exagerando, pero creemos que si dividiésemos este monologo en un dialogo con otra persona, todos podemos admitir que en determinado momento hemos conocido a alguien así, y cada vez nos encontramos con más conversaciones del estilo.

Ahora coloquemos la otra cara del vinilo, y escuchad:

Caso 2:

Hola soy Rosario, y oye, estoy un poco nervioso por conocerte, porque la verdad que no suelo venir a este tipo de fiestas. Pero si te soy sincero me ilusiona mucho, porque cuando me dijeron quien eras me sentí hasta un poco abrumado por la emoción, no hay más que verte. Soy comercial, y no me quejo, me gusta mi trabajo. Pero, si te soy sincero siempre he querido ser estrella del rock, de hecho acabo de rechazar un concierto en Nueva York solo por venir a esta fiesta del bar de mi barrio, ¿te lo puedes creer?

Humor, honestidad y sí, vulnerabilidad. Estoy nervioso, me ilusiona conocerte –tienes una influencia en mí- y sé que mi trabajo no es una maravilla pero estoy orgulloso de ello, no huyo de bromear con lo que me gustaría haber sido. Soy vulnerable sí, y aún así soy yo.

¡Pardiez que al menos yo estaría más cómodo con él o la vulnerable que con el Action Man! ¿Y vosotros?

Lo que queremos concluir en esta parte, es que tenemos derecho a ser vulnerables, por supuesto, pero ¿por qué? Porque todos y cada uno de nosotros somos vulnerables. Hasta el primer Rosario, si indagásemos lo suficiente tendría miedo, sentiría tristeza y culpa, o ansiedad y angustia en determinados momentos de su vida.

Ahora bien y para cerrar, ¿cómo estaríais más cómodos? ¿Con la libertad de ser quien sois asumiendo que estas cosas se dan en vosotros, o con la necesidad imperiosa de crear una fachada de perfeccionismo, con la presión de que no os descubran? Dame más músculos, más maquillaje, más frases guays, más lenguaje corporal, más likes etc.

Y estamos ahí delante de  un público, o delante de esa persona. Nos tiemblan las manos, y la voz, nos ponemos rojos incluso. Pero que no lo noten, aparenta que eres fuerte, usa la máscara: ponte recto, fuerza la voz, ocúltalo.

Y el miedo a ser descubierto aparece. Y de repente todos nuestros síntomas están en guerra con nosotros, porque creemos que ser valientes es ser capaces de arrancar esos elementos de nosotros de cuajo.

Pero estaríamos disociándonos, tirando de nosotros hacía atrás, porque queremos dejar ahí una parte que no podemos separar de nuestra persona. Ser valiente es imposible sin que exista el miedo, pues el valiente es miedo, ama su miedo, y ama la vida: actúa con él de la mano, sin desterrarlo.

 

Cómo sentirse más seguro al relacionarse

De Tennesse Williams: “La seguridad es un tipo de muerte”.

Por eso, ante la frase “cómo sentirse más seguro al relacionarse”, una de las búsquedas más habituales hoy en día en internet, proponemos lo siguiente:

Deja de intentar que los demás crean que te sientes seguro.

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Paradójico, pero coherente. La clave podría estar entonces en empezar a conseguir experiencias y recuerdos, donde tomemos conciencia de que aún con nuestra vulnerabilidad somos personas dignas de ser amadas, capaces de conseguir éxitos personales y válidos para moverse en sociedad con toda la honestidad, dignidad y respeto posibles.

Tenemos miedo, tristeza, culpa, ansiedad o angustia por decir algunas de las emociones dentro de nosotros. Y las tenemos todos, no solo unos pocos, no en todo momento, obviamente, pero si en circunstancias determinadas: unos hablando en público, otros cuando el corazón les late más deprisa y otros ante las arañas.

¿Qué hacemos entonces? ¿Jugamos nuestra vulnerabilidad, o dejamos que la jueguen otros? ¿La mostramos o la ocultamos? ¿La respetamos, la valoramos y la cuidamos, o la desterramos y la humillamos? ¿La conocemos o la ignoramos? Porque amigos, nuestra vulnerabilidad también somos nosotros.

De Zan Perrion: “Nuestro yo auténtico es nuestro yo vulnerable.”

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Todo lo que planteamos es una nueva perspectiva. Y lo planteamos como veis a base de preguntas, con incertidumbre, asumiendo que la vida y las personas son diversas y no podemos dar una respuesta única para todos los casos.

A través de la psicología y del conocimiento que ésta y otras disciplinas nos aportan, podemos hacer un trabajo mejor, y tanto nosotros como el resto de profesionales en este área trabajamos para ser más eficientes y efectivos, si bien, es lógico y honesto asumir que la aventura es la aventura, y el qué quiere aprender cómo relacionarse con más seguridad tiene que vivir en última instancia su propio viaje. Si bien habrá quien, como aquí, trate de ayudarle.

¿Qué quiere decir todo esto en última instancia cuando hablamos en público, nos relacionamos con otros, o estamos con quién nos gusta? Qué en ocasiones, esa inseguridad viene del miedo a ser descubiertos que tenemos. Somos X, y mostramos Y, pero ¿y si descubren X? ¿Seremos también aceptados, valorados, amados?

Probemos a simplemente dejar de relacionarnos y hablar en público, con el objetivo de alcanzar la perfección. Tengamos la valentía de hacer explicito ese miedo, de integrarlo en nosotros. De que decir, “me asusta esto”, “estoy nervioso” o “estoy triste”, sea algo tan normal como presentarnos a alguien. Solo de esa forma crearemos una relación con nosotros mismos, donde estas emociones dejen de ser un problema, y algo de lo que huir, y pasen a ser algo de lo que sentirse orgulloso.

Estamos nerviosos, toda la gente nos mira, y nos tiemblan las manos de nuevo. Pero ahora algo ha cambiado, no hay un rechazo en nosotros que pretenda deshacerse de eso. La experiencia nos ha hecho conscientes de que es algo que podemos admirar de nosotros.

Nuestra valentía, nuestra sensibilidad, nuestra pasión y amor por hacer las cosas bien están representadas en ese temblor. Y lo que un día hizo que nos odiáramos, con esta nueva actitud y de forma progresiva ha hecho que nos queramos un poco más.

Y como en un sueño, ahora ya nadie se ríe o nos rechaza. Algunos nos miran con ternura, y otros con admiración, pero conseguimos unificar el mundo con el mismo sentido de amistad que hemos creado entre nuestras emociones y nosotros, para siempre.

Y al final, lo único que podemos hacer es vivir, si bien, como vemos, hacerlo coherentemente a lo que somos, a la larga nos dará unos resultados más congruentes con nuestra forma de ser real, y menos con lo que “deberíamos ser”: felicidad, bienestar, y cómo no, seguridad.

De Woody Allen: “El 80% del éxito es simplemente mostrarse”.

Lo vulnerable no es débil, es real

No se trata de empezar a ser honestos en el sentido suicida, sin pensar y sin criterio. No estamos locos, que de vez en cuando ocultar tus cartas puede salir bien. Pero si proponemos crear una tendencia que nos permita experimentar las consecuencias de la siguiente pregunta:

¿Qué ocurre si los demás ven de verdad quién soy? ¿Tan malas son las consecuencias?

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Movernos a través de las relaciones y las interacciones, con el simple principio de si soy esto, por norma general, es lo que me interesa que los demás conozcan. Y unido a eso, asumir por lo tanto, que las máscaras y las conductas de escape o evitación poco nos aportan. Tendremos así una forma de relacionarnos más sana, generaremos más seguridad en nosotros mismos y obtendremos una mayor sensación de bienestar.

¿Por qué? Porque la vulnerabilidad nos pertenece, porque tenemos derecho a ser así, y cuando uno actúa respetando lo que es– como diría el psicólogo Nathaniel Branden- su autoestima aumenta automáticamente.

Y como ya vimos en “Stuck in the middle with you”, hasta el Rock y los rockeros, son también vulnerables. Nos os pedimos que os sintáis seguros la próxima vez que os relacionéis de la forma que sea, porque muchos de los que estáis leyendo esto, no lo estaréis. Pero si podemos invitaros a que viváis vuestro miedo de otra manera más honesta, y el mundo cambiará.

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Fernando Díez Serrano
Soy psicólogo general sanitario y fundador de Psicorockgía. He sido ponente en TEDxCalledelacompañia y he colaborado con varias empresas especializadas en habilidades sociales. Entiendo mi trabajo como psicólogo dirigido hacia lo que las personas con dificultades realmente demandan, y priorizo esto a los debates inservibles que se dan dentro del mundo de la psicología de forma nociva e irrespetuosa a día de hoy. Por lo tanto me abro a los múltiples modelos y alternativas que la psicología ofrece a día de hoy y al trabajo multidisciplinar con otros profesionales.

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