¿Qué entendemos por pareja?

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“El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos”.
Erich Fromm – El arte de amar
 
Las relaciones que funcionan, fluyen y nos llenan (llamadas por los psicólogos “relaciones satisfactorias y estables”) no se producen y se mantienen en el tiempo por arte de magia, ya que el sentimiento inicial -espero que ya lo supieras, si no, prepárate para la bofetada- no dura para siempre. Disney nos ha hecho creer ciertas cosas y, cuando crecemos, nos damos cuenta de que no coinciden del todo con la realidad. Aunque, en defensa del señor Walt, he de decir que nos han inculcado muchos más valores, y que Mulán es mi película favorita. Pero primero, ¿por qué no ponemos un poco de música?
  
Volviendo al tema, este sentimiento de amor romántico inicial -el de los poemas y las comedias románticas- desaparece por una razón clara y bastante práctica: hay incluso teóricos que describen el amor como una enfermedad mental, ya que modifica por completo todas nuestras funciones o, lo que es lo mismo, “nos volvemos imbéciles”.
 
Afortunadamente, esto no permanece para siempre: sería imposible que el cuerpo humano se mantuviera en este estado de funciones alteradas, así que éste (que es muy sabio) decide desecharlo después de un tiempo y/o transformarlo en otro tipo de sentimientos, diferentes pero no menos satisfactorios.
 

¿Por qué algunas relaciones fluyen y duran, y otras no?

 
Antes de explicitar un esquema para que quede claro lo que iremos encontrando en esta sección, distingamos entre parejas felices y parejas estables. La felicidad o satisfacción en la pareja hace referencia a cuánto nos llena una relación, o cómo de satisfechos y felices nos encontramos con ella. Podemos poner un ejemplo muy claro: cuando “ya no sentimos lo mismo” o “algo falla”, puede que existan factores que están actuando sobre la satisfacción con la relación. Tranquilo, hablaremos de estos factores más adelante.
 
La estabilidad (esta no era muy difícil de adivinar, el propio nombre da algunas pistas) se refiere a la duración en el tiempo de la relación o al mantenimiento de la misma.
 
Esta diferenciación es teórica y no implica, por supuesto, que no existan parejas estables y felices a la vez, o inestables e infelices a la vez, aunque éstas últimas tendrían que replantearse algunas cosas.
 
Está demostrado que el esfuerzo que la pareja invierte en la relación se asocia con más nivel en la calidad de la misma (Wilson, Charker, Lizzio, Halford & Kimlin, 2005). Es decir, las parejas que se esfuerzan en la relación y no se acomodan con el paso del tiempo perciben que su relación de pareja tiene más calidad.
 
 
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Podemos, por eso, decir a esos amigos que llevan 10 años juntos “qué suerte tenéis” “ya me gustaría”, o quizás elijamos preguntarles “¿cómo lo hacéis?”. La segunda, sin duda, es más adecuada, aunque probablemente no nos respondan y nos digan que les dejemos en paz. Y no es porque no quieran contarlo: sencillamente no saben cómo lo han hecho.
 
Intentemos entenderlo de la siguiente manera: la forma de funcionamiento de la relación es una especie de aprendizaje implícito que se automatiza. Veamos algunos ejemplos:
  • Alguien que se va un año a estudiar a Estados Unidos no es capaz de explicarnos por qué cierto verbo va acompañado de cierta preposición, pero sí es capaz de colocar perfectamente ese verbo con la preposición correspondiente en cada una de sus intervenciones en el inglés perfecto que tanto envidiamos.
  • Alguien que aprende a conducir en la autoescuela y, tras 10 años practicando, tiene dificultades para explicarnos los pasos para arrancar, cambiar de marcha o aparcar cuando estamos tratando de aprender a manejar esa máquina llamada coche que tan infernal nos parece al principio.
Del mismo modo, alguien que mantiene una relación sana de pareja no es capaz de explicarnos exactamente cómo lo ha hecho y cómo sigue haciéndolo hoy en día.
 
Pero tranquilo, para explicitar estos mecanismos y trabajarlos si es necesario, al igual que existe un profesor de inglés cualificado que nos enseñará toda la gramática que necesitemos saber, un profesor de autoescuela que nos explicará paso a paso cómo arrancar y nos gritará un poco cuando rompamos dos espejos retrovisores del coche o de otros coches en las clases prácticas, existe un conjunto de profesionales cualificado para el ámbito de la pareja: los psicólogos.
 
Digamos que, a veces, los mecanismos para el mantenimiento de la pareja salen solos y otras veces no aparecen de forma espontánea o se desgastan con el tiempo, y es preciso volver sobre ellos para trabajarlos y modificarlos.
 

¿Por qué es importante la calidad de nuestras relaciones amorosas?

 
Aunque parezca increíble para algunas personas hoy en día (sí, seguramente mi abuela se resista a creer en la relación cuerpo-mente), no es un mito que los problemas matrimoniales y de relación de pareja afectan a nuestro bienestar físico (dolores, malestar) o psicológico (síntomas previos que empeoran o que aparecen como respuesta al propio conflicto de la relación).
 
Por esto debemos considerar de vital importancia la salud de la relación de pareja: ésta puede, indudablemente, influir en todos los demás aspectos de nuestra vida, mejorándola o empeorándola notablemente sin que ni siquiera nos demos cuenta de que es nuestra vida amorosa la que está incidiendo sobre todo lo demás.
 

¿De qué me servirá a mí leer este blog?

 
Las diferentes entradas que iremos encontrando tendrán que ver con aspectos que influyen en la estabilidad de la relación y en la satisfacción con la misma. Conocerlos puede hacernos reflexionar y posteriormente mejorar, tanto si estamos inmersos en una relación como si simplemente queremos aprender sobre ellas. Más adelante, se abordarán temas más específicos del manejo de las relaciones y de los conflictos que, inevitablemente, vienen asociados a ellas.
  
Podremos identificar patrones específicos de situaciones a cambiar (o incluso a mantener) de los que no éramos conscientes, es decir, podremos saber qué estamos haciendo mal o qué estamos haciendo bien dentro de nuestra relación, si existe. Podremos aprender formas de manejar las relaciones que quizá ni siquiera sabíamos que podían modificarse.
 
Así, siempre que queramos iniciar una relación o mantenernos en ella por decisión propia y no por presión, miedo a estar solos o cuestiones sociales de diversa índole; conocer más sobre las relaciones de pareja puede hacer que las entendamos y manejemos mejor, siempre ajustando nuestras expectativas, olvidándonos del amor “de película” y creando un amor más adaptativo y real.
  
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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.