Problemas solubles e irresolubles

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En este artículo vamos a diferenciar entre los dos tipos de conflictos que se dan en las parejas y, a nuestro parecer, en cualquier tipo de relación: los que pueden ser resueltos y los que se quedarán para siempre, formando parte de nuestra vida. Conoceremos cuáles son las características de cada uno de los dos tipos con ejemplos claros y, en las próximas publicaciones descubriremos cuáles son las estrategias más adaptativas para enfrentarnos a cada uno de ellos.

¿Empezamos con un clasicazo de My Chemical Romance?

Problemas que pueden solucionarse

Los problemas que pueden solucionarse parecen menos dolorosos y se dan en situaciones claramente delimitadas: nos centramos al discutir o pensar en el problema, solo en un hecho particular. Solo suceden en un momento concreto y no afectan a otras áreas. Los miembros de la pareja no se van atrincherando en sus posiciones después de cada discusión y no se sienten cada vez más heridos.

  • Sara y Leire siempre andan “a la gresca” porque suelen llegar tarde al trabajo de Sara. A Leire le encanta remolonear en la cama mientras que a Sara no le cuesta levantarse, así que ella suele ducharse y bajar a desayunar. A ambas les encanta desayunar despacio y tomarse su tiempo, pero como Leire baja a desayunar bastante más tarde, los días que le toca a ella fregar no suele darle tiempo o llegan tarde porque se queda fregando. Sara siente malestar ante esta situación y suelen discutir en el coche, de camino al trabajo. Entran en sus empresas con bastante enfado, sentimiento que luego se transforma en preocupación por la relación.

Sara y Leire tienen un problema que puede ser solucionado. Sin embargo, que el problema tenga solución no significa que no cause sufrimiento. Además, puede que resulte complicado encontrar la manera de hacerle frente, ya sea porque no sabemos qué hacer, porque no sabemos cómo hacer lo que queremos hacer o porque tenemos miedo a las consecuencias de poder decir lo que pensamos y/o sentimos.

Problemas que no pueden solucionarse

Seguro que conocemos a una pareja (pareja en una relación afectiva, pareja de amigos, pareja de hermanos, madre-hija, etc.) que, después de años de relación, sigue discutiendo por los mismos temas por los que discutía al principio.

¿Cómo identificamos uno de esos problemas que no puede ser resuelto? Son aquellas pequeñas cosas que forman parte de nuestra pareja y no nos gustan, pero conocemos y hemos llegado a aceptar.

Esta definición es aplicable a aquellas parejas que, consciente o inconscientemente, han aprendido a manejar el problema. Sin embargo, también puede ser que haya un problema que nos esté haciendo sentir mal y no tengamos claro si es del tipo previamente explicitado. Para aclararnos, podemos buscar en él las siguientes características y, como si de un anuncio de teletienda se tratase:

¿Te sientes rechazado por tu pareja cuando aparece el conflicto?

¿Sientes que no avanzáis cuando habláis de él?

¿Te sientes cada vez menos dispuesto a ceder y cada vez con más fuerza para mantener tu posición en lo referente al tema?

¿Cuando habláis sobre el tema notas que no hay afecto ni buen humor?

Si la respuesta a todas las preguntas ha sido sí, nos encontramos ante un problema sin solución.

12074716593 d3549058f0 b - Problemas solubles e irresolublesPara que no cunda el pánico, es importante que quede claro lo siguiente: a pesar de lo que pueda parecer al principio de las relaciones amorosas, los problemas forman parte de las mismas porque forman parte de la vida. Esto, además, es aplicable a cualquier otro tipo de relación.

Cuando elegimos compartir nuestro tiempo con una persona, debemos aceptar que hay ciertos problemas que quizá no puedan ser resueltos y que tendrán que acompañarnos (por supuesto, qué duda cabe, si creemos que nos compensa aceptar y aprender a manejar estos problemas).

¿Pensabas que esto no era así? ¡Bienvenido al mundo real! Según Gottman y Silver (2014), el 69% de los conflictos matrimoniales está dentro de la categoría de irresolubles.

Algunos ejemplos de problemas de este tipo podrían ser:

  • Christian es muy emotivo y considera que Paola es muy fría. Paola cree que Christian es muy exagerado en sus reacciones y que a veces es demasiado sensible. Christian no se siente correspondido en sus demostraciones de afecto (sentimiento de rechazo) y está comenzando a actuar como Paola, para ver si ella “se pone las pilas” (poca disposición a ceder) y a ella le sienta mal que le diga que es fría, así que se defiende a sí misma afirmando que es su manera de ser (falta de afecto y buen humor cuando se habla del tema y falta de avance).
  • Teresa quiere hacer el amor con más frecuencia que su pareja, Héctor. Héctor no sabe cómo hacer frente al problema ni cómo manejar las situaciones en las que su pareja pide sexo y él no tiene ganas de hacerlo. A Teresa le está empezando a afectar el tema e incluso comienza a pensar que Héctor no la desea (sentimiento de rechazo). Cuando hablan del tema, ambos sienten mucho malestar y acaban enfadados (falta de afecto y buen humor cuando se habla del tema).

Algunas parejas siguen unidas y han aprendido a tolerar los problemas que no pueden ser resueltos. Otras han llegado a tomárselos con humor. Sin embargo, es normal que haya parejas que sigan muy preocupadas por los mismos, quizás en parte porque aún no han identificado que su problema es de este tipo o porque, una vez identificado, no tienen claro qué podrían hacer para manejarlo.

¿Verdad que sería interesante adquirir herramientas para manejar estos problemas sin solución? ¿y conocer cómo solucionar los problemas solubles? ¡Atento a las nuevas publicaciones! Hablaremos sobre ello.

Bibliografía:

Gottman, J. y Silver, N. (2014). Siete reglas de oro para vivir en pareja. Un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia (5a ed.). Barcelona: Debolsillo.

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.