Más ideas perjudiciales en pareja

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Volvemos con la segunda parte de “Ideas irracionales en pareja” y ya era hora, que nos moríamos de ganas de seguir escribiendo.

Puesto que ya sabemos qué son y hemos conocido un par de ellas, toca seguir descubriendo las más comunes y seguir aprendiendo cómo flexibilizarlas. Si tenemos memoria de pez, podemos echarle un ojo a Ideas irracionales en pareja (I) para ponernos al día.

Disfrutemos mientras tanto de un tema de esos que no nos cansamos de escuchar, por más veces que pongamos el reproductor en modo “repetir”:

Idea irracional 3: tengo que estar enamorado al 100% para continuar en una relación

Esta es una presión que nos viene impuesta: el amor romántico dura eternamente, o eso dicen las películas. En otras no lo dicen, pero el filme termina justo cuando la relación comienza y los miembros son plenamente felices: parece que quieren que imaginemos que posteriormente también será así.

Pensamientos a los que da lugar: “ya no siento lo mismo que antes y por tanto tengo que plantearme esta relación” o “si fuera la persona adecuada, seguiría sintiendo mariposas en el estómago”.

Idea más funcional: como ya explicamos en el primer artículo sobre pareja –“¿Qué entendemos por pareja?”, el amor romántico no dura para siempre, y menos mal. Las reacciones que se dan en nuestro organismo al principio de una relación serían intolerables para el ser humano si se mantuvieran en el tiempo.

Al principio, nuestra pareja es la novedad en nuestra vida y supone una ilusión para nosotros. Nos amoldamos totalmente a ella. Además, compartimos con ella nuestro tiempo de ocio: las obligaciones son ajenas y asociamos a nuestro enamorado o enamorada con la diversión. La relación se vuelve, por tanto, reforzante (para entendernos: la relación nos aporta muchísimas cosas positivas y por eso la llevamos adelante).

Más adelante y si la relación da el siguiente paso, con más años y con la entrada al mundo laboral, se multiplican nuestras obligaciones: tan duro como cierto. Comenzamos a compartir mucho más tiempo con nuestra pareja y no únicamente de ocio, así que los momentos juntos ya no son solo positivos.

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Los defectos de nuestra pareja al principio, si es que vemos alguno, son atribuidos a algo externo y temporal: por ejemplo, si nos responde mal alguna vez consideraremos que “tiene un mal día”. Con el paso de los años, estos mismos comportamientos se atribuyen a algo interno y permanente: “es un maleducado”.

La relación, por tanto, va cambiando según se va desarrollando en el tiempo. Si elegimos amor romántico, no podemos elegir estabilidad. Los sentimientos de amor romántico se transforman más tarde en sentimientos de intimidad y amor de diferente naturaleza y profundidad, y está en nuestra mano elegir si nos compensa o preferimos buscar de nuevo las “mariposas” del principio.

Idea irracional 4: cada persona tiene una media naranja

Esta creencia está en nosotros por lo que siempre nos han contado, igual que la anterior. Parece que debemos encontrar a alguien que nos complemente: si no encontramos a ese alguien, vagaremos por la vida sin nuestra mitad y seremos infelices.

Pensamientos a los que da lugar: “no encuentro a mi pareja ideal, así no seré feliz nunca”; “he perdido al amor de mi vida, jamás encontraré a alguien así”…

Idea más funcional: en primer lugar y en cuanto al primer pensamiento, no necesitamos tener pareja para ser felices. Es cierto que somos seres sociales, pero hay muchas formas de relacionarse y organizarse en la sociedad. Por suerte, muchos de los estereotipos con los que cargan solteros y divorciados están desapareciendo de las mentes, aunque como siempre, de forma demasiado lenta.

Como dijo el gran John Lennon: “nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta”.

En cuanto al segundo pensamiento, es importante que sepamos que cada uno de nosotros es potencialmente querible por muchas personas, y muchas personas son potencialmente queribles por nosotros: queribles pero no indispensables porque, como ya hemos comentado, no necesitamos una pareja para ser felices. No existe una sola persona compatible con nosotros y una relación fallida no implica que jamás volveremos a iniciar una relación que funcione y nos compense, ni muchísimo menos.

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Idea irracional 5: si me atraen otras personas, significa que ya no estoy enamorado/a

En algún momento de la relación, los miembros de la pareja comienzan a darse cuenta de que otras personas les atraen física o incluso psíquicamente. Se preocupan, se bloquean y no saben qué camino escoger. Les vienen a la mente pensamientos del tipo: “si quisiera a mi pareja lo suficiente, no me gustaría otra persona”.

Idea más funcional: aunque tengamos pareja, existen muchas personas que pueden atraernos potencialmente en lo sexual, e incluso podemos enamorarnos de ellas: es perfectamente normal que esto ocurra. Sin embargo, si tenemos una relación con nuestra pareja es porque esta ha sido elegida entre varios candidatos potenciales y nuestra relación, a día de hoy, nos compensa.

Cuando una persona nos atrae fuera de nuestra relación de pareja, entra en juego la novedad: al ser humano le gusta lo novedoso, y puesto que con nuestra pareja la etapa de lo “nuevo” ya ha pasado, es probable que salga perdiendo en las comparaciones. Es importante que tengamos en cuenta esto para no precipitarnos en las decisiones a tomar. Además, si tomamos la decisión de continuar con nuestra relación a pesar de sentirnos atraídos por otra u otras personas, podría ayudar ser consecuente con la decisión tomada. ¿Cómo? Por ejemplo, alejándonos de la persona o personas que nos atraen.

Idea irracional 6: las personas no cambian.

De esta creencia hay variantes muy sonadas que seguro que hemos escuchado de boca de nuestros padres, madres, hermanos/as y abuelos/as. Mi favorita es: “la cabra tira para el monte”. Esta idea irracional general, enlazada con el tema de pareja, suele asociarse a la infidelidad, pero podemos extrapolarla a cualquier otro ámbito de la vida. Por ejemplo, en relaciones de amistad o laborales, las personas que mantienen este tipo de creencias irracionales suelen actuar de forma rígida, alejándose de quien creen que “les ha fallado” por si el acontecimiento vuelve a darse.

Pensamientos a los que da lugar: “si lo ha hecho una vez puede volver a hacerlo otra –y por eso, aunque decida seguir con él, voy a controlar todo lo que hace-” o “creo que esto no funciona y él/ella no va a cambiar, así que mejor abandonar la relación”.

¡Un momento! Ya que acabamos de hablar de Lennon: ¿cómo hemos podido sobrevivir sin escuchar a Los Beatles en las entradas anteriores?

Idea más funcional: las personas cambian, y mucho, a lo largo de su vida. De no ser así, los psicólogos no existiríamos (y sí, esta creencia irracional me toca la fibra sensible). Por si acaso todo lo anterior no nos convence y aprovechando que el tema tratado es la pareja, veamos un ejemplo: ¿podemos imaginarnos estar hoy con nuestra pareja de la adolescencia, si es que la hemos tenido? Probablemente no tendríamos mucho tema de conversación y no sentiríamos ese “feeling” que nos empujó a comenzar la relación por aquel entonces.

Sí, hay personas que han vuelto a iniciar una relación con su pareja de la adolescencia tras algunos años: preguntémosle a esas parejas si encuentran diferencias comparando la relación actual con la que mantenían entonces. Sin duda, la respuesta sería sí. Puede que sintieran el mismo “feeling” del que antes hablábamos pero notarían muchísimos cambios en otros aspectos: no hablarían de lo mismo, no utilizarían los mismos chascarrillos y frases que eran parte de la relación y seguramente también notarían diferencias en el ámbito sexual.

Esto ocurre porque han cambiado. Nuestra mente se va formando de los acontecimientos que vivimos y vamos haciendo propias cosas de las personas a las que conocemos –incluso aunque no nos dejen huella-. Vamos generando así nuestros valores y nuestra personalidad.

Sin embargo, ¿es cierto que haber “fallado a alguien” una vez aumenta la posibilidad de que vuelva a ocurrir una segunda? No. El hecho de haber hecho daño a alguien no aumenta por sí mismo el riesgo de que vuelva a suceder. Existe la misma probabilidad de que vuelva a pasar que de que no, y a favor de esta última, las personas funcionamos por ensayo-error y puede que una equivocación nos permita conocernos, vivir de cerca el perjuicio que provocamos en otra persona y que no se nos vuelva a pasar por la cabeza.

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Idea irracional 7: el sexo debería ser perfecto

A muchas personas les genera malestar el hecho de que las relaciones sexuales no sean perfectas. Aquí entra en juego qué es una relación sexual perfecta para cada uno, es decir: nuestras expectativas con respecto a dicha relación sexual. En esto suelen tener mucho que ver los medios, que nos han bombardeado durante años sobre qué es lo óptimo y qué no en el sexo.

Los vídeos pornográficos, por ejemplo, han servido para educar a adolescentes y jóvenes en la sexualidad, a falta de una educación sexual reglada. El cine, por su parte, nos ofrece escenas sexuales en las que todo es maravilloso: la pareja se compenetra genial desde el primer encuentro sexual, sus cuerpos se acoplan de forma perfecta, llegan siempre al orgasmo… y, qué maravilla, juntos.

Pensamientos a los que da lugar: “soy un desastre en la cama, mi pareja no está satisfecha conmigo”; “no nos compenetramos como deberíamos”; “he fallado, mi pareja no ha llegado al orgasmo”… Cualquiera de estos pensamientos implica experimentar un sentimiento negativo tras practicar sexo y sabemos que ese no es el objetivo de los encuentros sexuales.

8096549627 e39cd4aba6 - Más ideas perjudiciales en parejaIdea más funcional: en primer lugar, es importante que tengamos claro que las dificultades en el ámbito sexual no son fallos. Si tienen que ver con habilidades no adquiridas, podemos desarrollarlas. También puede darse el caso de que nuestras habilidades estén perfectamente desarrolladas pero no satisfagan a nuestra pareja, ya que cada persona es un mundo. Para saber qué es exactamente lo que agrada a nuestra pareja, lo mejor es hablar con ella: qué es lo que no funciona, por qué, qué nos gusta, qué no y cuándo. Puesto que a todos nos gusta satisfacer a nuestra pareja en lo sexual, esta es la mejor vía para conseguirlo.

Además, es importante que rebajemos nuestras expectativas y revisemos nuestras creencias: hay relaciones sexuales perfectamente funcionales en las que los dos miembros de la pareja no llegan al orgasmo juntos, no llegan sólo mediante penetración vaginal e incluso se dan manotazos y cabezazos en el intento. ¿Qué tiene eso de malo? Lo importante es pasarlo bien, puesto que con las relaciones sexuales lo que buscamos es el placer propio y, por supuesto, el del otro, y en esto puede no ser de ayuda marcarse metas a alcanzar. Las películas están muy bien, pero la realidad es otra cosa muy diferente. Y no por ser diferente es menos bella.

Idea irracional 8: el hombre y la mujer son muy diferentes y nunca se entenderán

Si bien es cierto que los hombres y las mujeres no somos iguales, esta creencia irracional no se refiere a las evidentes diferencias físicas que guardamos ni a las diferencias en la anatomía cerebral ya demostradas. Hace referencia una creencia que da lugar a pensamientos como: “nunca podrás entender a alguien del otro sexo”, “los hombres y las mujeres siempre guardarán misterios para el otro sexo”, “los hombres y las mujeres tienen diferentes necesidades emocionales”, “las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son la causa principal de los problemas de pareja”…

Idea más funcional: aunque está demostrado que los hombres son más sistemáticos y las mujeres más emocionales o que los hombres son más específicos y las mujeres más globalizadoras, son de nuevo tendencias generales y no podemos tomarlas como excusas para no solucionar nuestras diferencias. No existen diferencias biológicas entre los hombres y las mujeres que sean capaces por sí solas de generar problemas de pareja.

Es importante que nos alejemos de frases del tipo “no hay quien entienda a las mujeres” o “no hay quien entienda a los hombres”, porque estaremos generalizando y alimentando la creencia de que estamos muy lejos unos de otros. Excusándonos así jamás emplearemos los esfuerzos que podemos necesitar para salvar las dificultades que se presenten en nuestras relaciones. Estas dificultades aparecen en el vínculo entre dos individuos, es decir, no se dan porque este vínculo se dé entre un hombre o una mujer, ¿o acaso nunca hemos experimentado un conflicto con una persona de nuestro mismo sexo?

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Ahora que ya conocemos las ideas irracionales más comunes, podemos decir que hemos dado el primer paso. El siguiente es identificar cuándo caemos en ellas. El último, combatirlas:

¡Ánimo en la batalla!

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.