Los trastornos de la conducta alimentaria y la publicidad

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Nos guste o no vivimos en la llamada sociedad de consumo por lo que continuamente somos bombardeados por millones de mensajes publicitarios. En ciertas ocasiones los anuncios presentan las características del producto que nos quieren vender y en otras, además del producto, nos venden valores, ilusiones, emociones, felicidad y éxito.

Esta información puede ser muy perjudicial ya que por un lado llega sin que nos demos cuenta y por otro, debido a su sutileza acabamos entendiendo que aquello que nos venden es lo normal. Tranquilos, no estamos hablando de publicidad subliminal.

En este artículo analizaremos cómo la publicidad puede influir en el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria. Para ello en primer lugar observaremos los productos que nos venden, en segundo lugar exploraremos lo más implícito de esta publicidad y en tercer lugar comentaremos la incongruencia a la que nos enfrentamos.

Productos que se venden

Algo que ya sabemos es que la manera de consumir ha cambiado mucho en los últimos años. Antes el esquema de consumo era necesidad, producción y consumo, sin embargo ahora este esquema ha cambiado, convirtiéndose en algo parecido a esto: producción, creación de necesidad y consumo

Relacionado con los trastornos de la conducta alimentaria se ha creado la “necesidad” de tener un cuerpo perfecto y para conseguirlo, estar delgado. Por ello nos venden productos para adelgazar, pastillas milagrosas, comida que no engorda y cremas reductoras (curiosamente la protagonista del anuncio suele ser una chica feliz, contenta y segura de sí misma, esto lo veremos más detalladamente en el siguiente apartado).

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Esta situación es realmente escalofriante, en primer lugar, porque este tipo de publicidad incumple algunos requisitos legales. En segundo lugar, los anuncios se retrasmiten a cualquier hora del día, llegando a todos los públicos y en consecuencia a los grupos más vulnerables. Y en tercer lugar, llegamos a ver esta situación como algo normal:

“Es normal tomar una pastilla para adelgazar 1 kilo al día porque así adelgazaré, conseguiré ser FELIZ Y TENDRE MUCHÍSIMO ÉXITO, igual que la chica del anuncio”.

Se venden productos adelgazantes como sinónimo de productos saludables, productos que debes consumir si quieres basar tu dieta en una alimentación sana, cuando en realidad no son productos sanos.

En definitiva muchos de los métodos para mantenerse delgado y “sano” están totalmente comercializados. Existe un verdadero mercado que ofrece las más diversas formas de adelgazar consumiendo, dando igual las consecuencias que pueda tener este proceso.

Aspectos que se venden de manera implícita

Como hemos comentado en el apartado anterior los anuncios de productos adelgazantes los protagonizan mujeres delgadas y felices. Sin embargo, si prestamos atención, pasa exactamente lo mismo en la publicidad de “la comida basura”.

En esos anuncios se suele ver a gente acompañada: grupos de amigos, parejas, padres e hijos, abuelos y nietos etc. Siempre están felices comiendo sus hamburguesas, nunca están ni tristes ni gordos.

¿Alguna vez habéis visto algún anuncio de “comida basura” en el que aparezca una persona con obesidad y sola? ¿Un ejecutivo agobiado? ¿Una persona fuera de los cánones que describen el supuesto éxito?

En este momento no sólo nos están vendiendo el producto, nos están vendiendo la felicidad dentro de un cuerpo perfecto. Vuelve a ser la delgadez sinónimo de bienestar, además comiendo productos hipercalóricos.

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No estamos diciendo que no se consuma comida basura, lo que estamos diciendo es que no nos están vendiendo la comida, nos están vendiendo aspectos que se relacionan con la felicidad y con el aspecto físico, algo que es peligroso para los grupos más vulnerables.

Incongruencia entre los anuncios y la realidad

Para explicar este apartado vamos a poner un ejemplo. En el artículo anterior vimos que los trastornos de la conducta alimentaria se relacionan con una gestión emocional poco adaptativa. Imaginemos a una chica de quince años, algo tímida y con pocas habilidades sociales, además en su casa siempre se han hecho dietas y a ella le encantaría “ser tan guapa como su prima mayor”.

Esta chica cuando ve la televisión está siendo víctima de mil anuncios poco realistas, entre ellos los que hemos comentado en los otros apartados: cremas reductoras, productos adelgazantes, amigos felices comiendo hamburguesas, etc.

Sin realmente quererlo esta chica pensará que su estado de ánimo depende de sus kilos, que será feliz si es delgada (mediante cremas reductoras o pastillas adelgazantes) y que tendrá amigos si es feliz, delgada y come hamburguesas.

La coexistencia de la abundancia de alimentos basura, la necesidad de “salud corporal como delgadez” y el modelo de belleza como éxito supone un caldo de cultivo idóneo para el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria.

Finalmente…

Como ya hemos comentamos otras veces, los trastornos de la conducta alimentaria se desarrollan por diversos factores; unos tienen más pesos que otros y afectan a cada persona de manera individual. Sin embargo, consideramos importante conocer cómo influye la publicidad en el desarrollo de los mismos.

Con esto no pretendemos situarnos en un extremo o en otro. Al final el objetivo del marketing es vender y si para conseguirlo tiene que vender felicidad, éxito o delgadez extrema lo va a hacer. El problema es cuando esto se vende a gente que cree que sólo puede conseguirlo mediante esos medios.

Tampoco decimos que se deje de comer comida basura o que se deje de ver la televisión, lo que proponemos es que nos eduquemos a nosotros mismos y a la gente que está a nuestro alrededor para que entienda que eso no es real, que es publicidad y que si nos la creemos nos puede hacer mucho daño.

BIBLIOGRAFÍA

  • Pachón, B. C. (2006). La sociedad de consumo y los trastornos de la conducta alimentaria. Trastornos de la conducta alimentaria, (4), 321-335.