La incomodidad de los celos

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En la entrada anterior aprendimos qué podemos hacer para controlar nuestros celos si creemos que éstos están interfiriendo en nuestra relación de pareja. Cuando leíamos que debíamos “dejar de comprobar y permitir que la ansiedad disminuyera sola” como pauta a seguir para manejarlos, seguro que nos vino a la cabeza: “suena muy sencillo, pero es imposible de llevar a cabo”.

En esta entrada y enlazando con la anterior, hablaremos de la ansiedad y la incertidumbre en general, y más concretamente de la que se genera cuando sentimos celos en nuestras relaciones. Nuestro objetivo será conocer más a fondo cómo funciona: entenderla, sin ninguna duda, nos ayudará a mantenerla bajo control. Aprenderemos a vivir con ella mediante consejos prácticos para que deje de ser nuestra enemiga de una vez por todas. La clave, como veremos, es dejar de hacer comprobaciones y permitir que su intensidad baje.

Escuchemos un tema muy cañero de The Black Keys: Howlin’ for you. “I can’t explain any of these thoughts racing through my brain”.

Manejo de la incertidumbre en pareja: qué hacer y qué no

“Ella no creía en finalizar ni discusiones, ni charlas ni espectáculos de danza. Decía que los puntos finales facilitan la vida a la gente. Los puntos aparte y los suspensivos incrementan la inteligencia.”

-Albert Espinosa-

Cuando hablamos de tolerancia a la incertidumbre nos referimos a nuestra capacidad para tolerar situaciones ambiguas y aceptar respuestas poco concretas. Existen diferencias entre personas en lo que a ésta se refiere: muchos de nosotros sentiremos auténtico pánico ante ella, mientras que otros seremos capaces de adaptarnos a acontecimientos ambiguos sin experimentar ningún tipo de malestar y sin considerarlos molestos en absoluto.

Si somos de los primeros, creeremos que impone respeto hasta pronunciar la palabra: “incertidumbre”. Resulta paradójico observar cómo, cuanto más presente está en nuestros días, más miedo nos provoca. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Dónde viviremos en unos meses? ¿Qué pasará con nuestras amistades? ¿Qué será de nuestra relación de pareja?

Incluso nos decimos a nosotros mismos frases del tipo “como vuelva a pasar un mes sin saber qué va a ser de mi vida, me va a dar algo.” “¿Cómo? ¿Dos semanas sin saber si viviré aquí o en Murcia?”. Todas nuestras alarmas se activan, el hecho de no saber qué va a ocurrir de aquí a un tiempo -ya sean horas, días, semanas, meses o años- nos aterroriza.

Paremos a pensarlo un momento (atención, la siguiente frase puede dolernos un poco): hay muy pocas cosas que podamos controlar. Por mucho que lo intentemos y que despleguemos comportamientos para intentar agarrar el timón, la mayoría de las veces nuestras experiencias van sin dirección.

Al igual que en muchos otros ámbitos de nuestra vida, la incertidumbre y la ansiedad están presentes en nuestras relaciones de pareja: ¿qué ocurre cuando lo que pretendemos controlar son aspectos de ésta, como el comportamiento del otro? Que invertimos esfuerzos en algo que no podemos controlar y no nos damos cuenta de que podemos emplearlos en algo mucho más útil. Además y para colmo, puede ser perjudicial para nuestra relación.

13382753014 219a00f133 b - La incomodidad de los celosEs cierto que ciertos comportamientos de nuestra pareja sí pueden modificarse si dialogamos y negociamos con ésta: aspectos que nos molestan, actuaciones que pueden ayudar a mejorar la relación, etc. A lo que nos referimos, más bien, es a la cara de los celos que tiene que ver con nuestros actos: los intentos de controlar lo que nuestra pareja hace cuando no está con nosotros para comprobar que sus comportamientos sean los “adecuados”.

Comportamientos a evitar (x): 

Como comentábamos en la entrada anterior, los celos se manifiestan mediante pensamientos -¿qué estará haciendo ahora?, ¿con quién estará?- que generan emociones como el miedo y la ansiedad.

Las personas odiamos el miedo y la ansiedad, sin darnos cuenta de que están con nosotros para protegernos de peligros reales y no para hacernos daño. El malestar que nos generan es momentáneo y merece la pena pasar por él si, en situaciones de verdadero peligro, puede salvarnos la vida.

Puesto que no nos gustan en absoluto, tratamos de evitarlas en cuanto aparecen. En este caso y como ya expusimos, tratamos de controlar la situación de varias formas:

  • Le/la acusamos de estar siendo infiel: parémonos a pensar un momento. ¿Qué buscamos con este comportamiento? La respuesta es la siguiente: reducir la ansiedad de forma inmediata, porque sabemos que esta persona desplegará acciones para eliminar de nuestra mente esta idea.
  • Le/la interrogamos: ¿dónde estás? ¿con quién estás? ¿qué amigos/as? ¿los/las conozco? De nuevo y según las respuestas que recibamos, la ansiedad disminuirá o aumentará. Lo normal es que nuestra pareja busque la forma de hacerla disminuir y consiga que lo haga de forma rápida.
  • Leemos sus mensajes y le/la espiamos: si no encontramos nada, nuestra ansiedad bajará de forma notable. Si lo encontramos, realizaremos alguno (o los dos) comportamientos previamente descritos buscando, de nuevo, sentirnos mejor.

man couple people woman - La incomodidad de los celosTodo esto alivia nuestro malestar en el momento. Sin embargo, a largo plazo, aumenta nuestro miedo a la infidelidad y nuestra intolerancia a la incertidumbre. También consigue que se multipliquen las probabilidades de que volvamos a acusar, interrogar y espiar a nuestra pareja en el futuro, porque la respuesta recibida nos ha ayudado a conseguir lo que queríamos: tranquilizarnos.

¿Cómo funciona la ansiedad?

En primer lugar, percibimos una amenaza: nuestra pareja está en el bar con 6 amigos/as suyos/as. Como aprendimos en la entrada anterior, debemos tener en cuenta la influencia de nuestros pensamientos sobre nuestras emociones y conductas, y tener claro que es una amenaza por la interpretación que hacemos de ella y no por la situación en sí.

En este punto sería interesante, por ejemplo, que imaginásemos a nuestra pareja en situaciones que no la comprometen en lugar de imaginarla en situaciones que sí lo hacen. Podemos pensar, por ejemplo: “está tomando una cerveza con 6 amigos del trabajo, no hay ningún peligro y tiene derecho a pasarlo bien con sus contactos”.

Vamos a por el segundo tema: más calmado, como la ansiedad si esperamos a que se reduzca. Un clásico entre los clásicos:

Imaginemos que, aun después de relativizar nuestros pensamientos -habiéndolo conseguido o no- comenzamos a notar que se da en nosotros la respuesta de ansiedad: al inicio será mínima e irá aumentando con el paso del tiempo, hasta llegar al pico de ansiedad máximo. Es importante aprender a distinguir esta respuesta de ansiedad cuando comience a darse -respiración fuerte, palpitaciones, presión en el pecho, calor…-, antes de que llegue al pico máximo.

En el pico de ansiedad que describimos, sentiremos unos deseos irrefrenables de desplegar cualquiera de los comportamientos que antes hemos descrito. La ansiedad nos parecerá insoportable, horrible, monstruosa (insertar aquí cualquier sinónimo que nos venga a la mente). Sin embargo y de forma objetiva, no lo es. Es molesta pero tolerable y al cabo de un rato se disipará sola.

Tendremos entonces dos opciones:

La primera es realizar las conductas del apartado “comportamientos a evitar”, por ejemplo: podemos llamar a nuestra pareja y preguntarle con qué amigos está y en qué bar, y ya de paso intentar distinguir las voces de la gente por si escuchamos alguna que pertenezca al sexo contrario al suyo.

Cuando preguntemos a nuestra pareja y ésta nos diga que esa voz pertenece a otro grupo de gente que está situada justo detrás, la ansiedad disminuirá de forma rápida. Sin embargo -y podríamos decir que sin darnos cuenta, pero ya no hay excusa-, estaremos manteniendo nuestro problema.

Para hablar de la segunda opción, pensemos un momento en lo siguiente: ¿Qué ocurriría si no desplegáramos estas conductas? ¿Qué ocurriría si nos quedásemos quietos, esperando a que la ansiedad baje? ¿Qué ocurriría si no hiciéramos nada? La ansiedad llegaría exactamente al mismo punto que si realizásemos los comportamientos antes descritos, pero de forma un poco más lenta.

Es decir, si distinguimos nuestra respuesta de ansiedad -notamos que comenzamos a sentirnos mal- y nos decimos a nosotros mismos algo así como “bien, esto que siento es ansiedad, voy a dejar que disminuya y no voy a realizar ningún comportamiento del que después pueda arrepentirme”, nos sentiremos igual de bien al cabo de un rato que si llamamos a nuestra pareja en el momento para interrogarla.

Entenderemos mejor cómo funciona la ansiedad mediante el gráfico siguiente, que seguramente habremos visto otras veces:

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Comportamientos a llevar a cabo ():

Ahora que conocemos el funcionamiento de la ansiedad y sabemos que podemos llegar al mismo punto por otro camino, pongámonos en marcha. Para ello:

  • Dejemos que la ansiedad disminuya sola: recordemos que ésta es tolerable y pasará al cabo de un rato. Si cuando notemos que estamos relajados sigue estando en nuestros planes hablar las cosas con nuestra pareja sobre algún detalle que nos ha molestado, hagámoslo -siempre en un momento y en un lugar adecuado, exponiendo cómo nos sentimos primero y juzgando el acto y no a la persona-. Notaremos con rapidez las diferencias entre las consecuencias de actuar en el punto máximo de la curva de ansiedad frente a actuar cuando ésta ha decrecido.
  • Pensemos lo siguiente: ¿merece la pena perjudicar mi relación de pareja, perjudicarla a ella y perjudicarme a mí mismo/a por no ser capaz de tolerar un rato más de ansiedad soportable? Seguramente la respuesta sea un rotundo no.
  • Si nuestra pareja realmente quisiera hacer algo a nuestras espaldas, lo haría. Parémonos a pensar en que pueden describir lo maravillosos que somos, afirmar que nunca nos engañarían, enumerar los nombres de los amigos con los que están en el bar de moda, etc., mientras hacen lo que tanto tememos que hagan.

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Del mismo modo, si percibimos por parte de nuestra pareja este tipo de conductas celosas y queremos ayudar en este aspecto de la relación, no tenemos que tranquilizarla cuando despliegue esos comportamientos. Como hemos explicado previamente, si actuamos así estaremos contribuyendo a mantener la conducta problemática, y lo que buscamos es todo lo contrario.

Aún así, y por último, si nos cuesta seguir estas indicaciones, podemos pensar lo siguiente: la solución que hemos intentado previamente no ha sido útil en absoluto, ya que nos ha hecho sufrir y ha tenido consecuencias negativas sobre nuestra relación de pareja. Si seguimos estos consejos estaremos llevando a cabo una solución diferente a la que antes poníamos en marcha. El hecho de tratar de remediar las cosas de una forma distinta ya es positivo de por sí, ya que como dijo Albert Einstein: “no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”.

 

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.