La estabilidad en la pareja

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El adjetivo estable, según la RAE, tiene el siguiente significado: “que se mantiene sin peligro de cambiar, caer o desaparecer” o “que mantiene o recupera el equilibrio”. Podemos aplicar esta definición a las parejas: una pareja estable es aquella que se mantiene en el tiempo con un peligro mínimo de desaparecer, ya que los lazos son tan fuertes que ese miedo de perder al compañero que quizá a todos nos invade al principio se ha ido calmando con el paso del tiempo y, por supuesto, con el crecimiento de la relación.

Además, una pareja estable mantiene el equilibrio o lo recupera tras discusiones, conflictos internos o acontecimientos externos que la afectan. Precisamente de esto vamos a hablar en este artículo: de los factores que influyen en la estabilidad de las parejas, para que podamos aprender de ellos y poner de nuestra parte para convertir nuestra pareja en estable, si así lo deseamos, aunque como ya sabemos, nada está asegurado.

Como siempre apetece acompañar la lectura con buena música, aquí va un temazo de Biffy Clyro:

“It’s you and me till the end of time”

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA ESTABILIDAD EN LA PAREJA?

Para empezar y como ya descubrimos en el artículo anterior, la estabilidad de la pareja no es lo mismo que la felicidad de la misma. Existen varios tipos de parejas clasificadas según estos dos factores (estabilidad y felicidad):

  • Estables y felices: lo que todos buscamos si estamos interesados en encontrar el amor.
  • Inestables y felices: una relación turbulenta pero que, sorprendentemente, nos sigue proporcionando refuerzos para permanecer en ella. Sin embargo, y como la propia palabra “inestable” indica, probablemente no durará mucho en el tiempo.
  • Inestables e infelices: si estamos en una de estas parejas, nos provocaremos mutuamente sobresaltos durante el poco tiempo que la relación dure.
  • Estables e infelices: si mantenemos una relación de este tipo seguramente permanezcamos en ella por causas diferentes a la felicidad que ésta nos genera o el amor que sintamos por nuestra pareja.

La terapia de pareja hoy en día suele centrarse en los conflictos y dichos conflictos tienen que ver con la activación que sentimos en ellos y cómo la otra persona gestiona nuestra activación.
Si nos paramos a pensarlo, veremos que las personas que nos enfadan nos generan malas vibraciones y acabamos queriendo a otras que nos tranquilizan más. De esta forma, aprender a desactivarnos probablemente mejore nuestras relaciones de pareja.

Por esto es tan importante que trabajemos sobre los factores que inciden sobre la estabilidad: si ayudamos a nuestra pareja a desactivarse en lugar de entrar en una escalada de conflicto con ella, seguramente tendremos más papeletas de mantener una relación en el tiempo.
A continuación podremos leer una clasificación de las parejas estables e inestables para que podamos entender mejor todo esto. Esta parte resulta divertida porque quizás con cada tipo nos vendrá a la cabeza una pareja que conocemos y se ajusta al perfil que describimos:

¿CÓMO FUNCIONAN LAS PAREJAS ESTABLES?

Existen dos tipos de parejas estables, las que aceptan conflictos y las que no. Dentro de las que aceptan conflictos, podemos encontrar a las parejas volátiles y a las validadoras.

Parejas volátiles: si somos parte de este tipo de pareja, aceptaremos la existencia de conflictos, es decir: nos pelearemos como todo hijo de vecino. Existirán afectos negativos -traducción al castellano: nos gritaremos, nos insultaremos e incluso nos golpearemos-. Sin embargo, en algún momento el enfrentameinto se disolverá. Y sí, esta disolución del enfrentamiento puede ser la famosa reconciliación después de una pelea.

Parejas validadoras: si formamos una pareja validadora, realizaremos un movimiento positivo en el momento perfecto que nos permitirá solucionar el conflicto o al menos rebajar el ambiente hostil. Es una forma de compensación que seguro que todos hemos visto en las parejas que nos rodean: una mueca tras un ataque, una caricia cuando el otro se molesta por un comentario, etc.

Dentro de las que no aceptan los conflictos encontramos a las parejas evitadoras. Si formamos parte de una pareja de este tipo, minimizaremos los problemas porque valoraremos más el compromiso mutuo y la continuidad de la relación que llevar la razón.

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¿CÓMO FUNCIONAN LAS PAREJAS INESTABLES?

Parejas hostiles: si somos un miembro de una pareja hostil nos pelearemos con ella, al igual que si mantenemos una pareja volátil. Sin embargo, el enfrentamiento en este caso se acumulará y nosotros o nuestra pareja tenderá a no perdonar ni olvidar lo ocurrido.

Parejas hostiles distantes: si la pareja que formamos es de este tipo, tras el enfrentamiento utilizaremos el aislamiento o distancia emocional, que ha demostrado ser muy tóxico para la relación. Este aislamiento consiste en tratar de ser fríos con la persona como castigo a sus actuaciones o comentarios dentro del conflicto previo.

Según Gottman, las parejas estables poseen un ratio de intercambios positivos de 5 a 1 (5 positivos sobre 1 negativo), mientras que las parejas inestables poseen una tasa de 0,8 intercambios positivos sobre 1 negativo. La diferencia, como podemos ver, es considerable. Haced vuestros cálculos.

¿CÓMO PUEDO INFLUIR SOBRE LA ESTABILIDAD DE MI RELACIÓN?

Por fin llega lo que más nos interesa: qué papel tenemos nosotros sobre la estabilidad de nuestras relaciones. Los estudios de Gottman nos han servido para transformar lo que sabemos que convierte la relación en inestable en consejos para evitar que esto ocurra:

1. Se ha demostrado que cuando el integrante femenino de la pareja – si esta es heterosexual- comienza la discusión de forma abrupta, la posibilidad de llegar a algo positivo es del 4%. Si transformamos esto en consejo, mujeres del mundo: si vamos a comenzar una discusión, esforcémonos en emplear alguna técnica de relajación o calmémonos de alguna forma alternativa que conozcamos para no utilizar insultos, malas palabras o faltas de respeto. En otras entradas posteriores podremos leer algunos “truquillos” interesantes para discutir sin herir a la otra persona.

Si la discusión ya ha comenzado de forma abrupta, debemos intentar mantener la calma y no aumentar la escalada de conflicto -utilizaremos mecanismos de reparación de los que hablábamos anteriormente, pediremos a la otra persona que se tranquilice y le explicaremos calmadamente que será mejor hablar cuando esté más tranquilo o tranquila, etc.-

2. Criticaremos conductas, no a la persona. Ejemplo típico: “qué irresponsable eres, nunca recoges los platos después de cenar”. Existen dos generalizaciones claras en esta acusación: ERES un irresponsable y NUNCA recoges los platos. ¿Seguro que nunca lo ha hecho? ¿Seguro que una única acción o una acción repetida unas cuantas veces implica que nuestra pareja carece de responsabilidad? Si criticamos a la persona por una conducta aislada, nuestro compañero/a se sentirá atacado y acabará entendiendo que no nos gusta nada de lo que hace o que no percibimos ninguna cualidad positiva en él o ella.

3. Evitaremos actitudes defensivas, ya que la otra persona tomará la defensa como una respuesta a un ataque, y puede que no lo fuera. Los malentendidos también pueden dar lugar a conflictos.

4. Evitaremos el desprecio: huiremos de la burla -que es una forma poderosa de desprecio- tanto en su forma verbal como en su forma no verbal. Evitaremos también cualquier afirmación que ponga a un miembro de la pareja por encima de otro. Cuando despreciamos a alguien, estamos insinuando que a esta persona en cuestión le falta valor físico o intelectual. Así, esta persona perderá confianza en sí misma, poco a poco, si las situaciones en las que se le desprecia son continuadas en el tiempo.

“No te explico lo que me ha ocurrido en el trabajo, creo que no lo entenderías”.

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5. Evitaremos los siguientes comportamientos en la pareja: dejar de interaccionar con la persona o evitarla, ser inexpresivos con la persona. Este mecanismo suele ser más utilizado por los hombres que las mujeres y suele responder a una ofensa de la pareja. Es traumático para la otra persona, ya que la persona que te está ignorando es tu persona de apego.

Para que lo entendamos mejor, pongámonos en situación: hemos discutido con nuestra pareja e inconsciente o conscientemente, dejamos de hablarla durante un par de días para que se dé cuenta de lo que ha hecho, ignoramos sus intentos de interacción, permanecemos impasibles ante cualquier muestra de cariño…

6. Desarrollaremos mecanismos de reparación: inventaremos chascarrillos, acercamientos afectivos, frases, burlas benévolas, ayudaremos al compañero a razonar, expresaremos cómo nos sentimos, rebajaremos las quejas, etc. De esta forma, ayudaremos a desactivarse a nuestra pareja y nos acercaremos más a un conflicto suave o al fin del mismo: no escalaremos ni haremos una montaña de un grano de arena.

Las investigaciones de Gottman nos indican que la ausencia de mecanismos de reparación unida al desprecio, ignorar a la otra persona, las críticas y las actitudes defensivas predicen el divorcio o separación con una tasa de aciertos del 97%.

7. Nos dejaremos influir por nuestra pareja: esto no quiere decir que cedamos a todo lo que la otra persona quiera. En su lugar, haremos ver a nuestro compañero que nuestro criterio es permeable por el suyo. Podemos intentar dejarnos influir en gustos sobre ropa, comida, espectáculos, deportes, opiniones y consejos…

8. Aumentaremos el afecto hacia nuestra pareja: expresiones de cariño, palabras de afecto, etc. nunca deben faltar, pase el tiempo que pase. Intercambiar expresiones de afecto y gestionar los conflictos de forma positiva para la pareja son clave para la estabilidad de la misma.

9. Trataremos de desactivarnos y de desactivar a nuestra pareja ante los conflictos: aunque es una tarea difícil, es realmente importante para gestionar los conflictos, como ya hemos comentado anteriormente.

Además, puede resultar útil que sepamos lo siguiente: los hombres se activan mucho más deprisa que las mujeres y les cuesta mucho más desactivarse, mientras que a las mujeres les ocurre lo contrario. Por eso, los hombres tienden a abandonar las situaciones conflictivas mientras que las mujeres desean continuar hablando, lo que resulta muy aversivo para sus parejas.

Tanto hombres como mujeres podemos utilizar estos conocimientos para adecuar nuestro comportamiento a la otra persona: por ejemplo, podemos ceder en cuanto a abandonar más tarde el conflicto y ceder en cuanto a continuar estirándolo en el tiempo.

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.