Disfrutando al hablar en público

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Muchos de nosotros hemos querido ser Mick Jagger o Jimi Hendrix en algún momento de nuestra vida social. Plantarnos en un escenario y que los demás nos perciban como semi-dioses, como verdaderas estrellas del rock and roll. Hemos querido ser inmunes a las opiniones, incluso tenerlas todas de nuestra parte. Hemos querido tener la estética perfecta, el tono de voz adecuado y el lenguaje corporal idóneo para cada momento. Hemos querido decir la frase genial y el discurso perfecto. Profesora, pregúntame a mí y haré que todos me aplaudan en cada intervención. ¿Habeis escuchado lo nuevo de M-Clan?

Pero cuando hemos tenido la oportunidad, nos hemos fijado en nosotros y hemos pensado: “bueno, no tengo lo necesario”. Y nos hemos echado atrás.

En este artículo vamos a hacer dos cosas. Primero echar abajo la idea equivocada de que los grandes oradores o personajes públicos se expresan así por defecto y sin dificultad. Y segundo, profundizar en el concepto de aprendizaje, para ver dos enfoques distintos; resultado y dominio, y lo útil que puede ser variar de uno al otro para una persona que quiere mejorar cuando se expresa ante los demás.

A hablar en público se aprende

Vamos a hacer un experimento mental. Cojamos a un personaje que podemos considerar sumamente habilidoso a la hora de comunicarse, Barack Obama por ejemplo. Ahora hagamos que retro-digievolucione (palabreja al canto) y tenga de nuevo 6 años. Y por último sugiero que lo imaginemos impartiendo bajo estas nuevas condiciones, uno de sus discursos como presidente de los EEUU.

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Bien, lanzo una pregunta al aire: ¿es igual de impresionante o todavía le falta rodaje? Todos tenemos capacidad para comunicarnos, es una de las grandes características diferenciadoras del ser humano. Ahora bien, es lógico pensar que dicha capacidad se ve influida por distintos factores, por ejemplo:

  1. Cada uno tiene unos genes y unas características biológicas concretas.
  2. La propia historia de vida se compone de determinadas experiencias particulares que pueden favorecer el desarrollo de esta capacidad o perjudicarlo.
  3. El contexto social, educativo o laboral nos influye a la hora de proporcionarnos más o menos oportunidades de comunicarnos, así como un feedback más o menos incentivador.

Tanto es así que incluso Eric Clapton uno de los grandes guitarristas de la historia, todavía en activo, confesó en una entrevista ponerse nervioso cada vez que salía a tocar, después de más de 30 años haciéndolo delante de públicos enormes al más alto nivel.

Parece entonces que contamos con dos vertientes, una parte digamos más estática (aunque flexible) como es la parte biológica, y esa parte del contexto que ya hemos experimentado en el pasado.

Y por otro lado una parte dinámica (modificable) que se refiere a las experiencias personales de cada ser humano, así como la influencia que el contexto que desde este momento actual en adelante tiene sobre él.

Dicho esto, parece que si bien hay personas como en cualquier disciplina o habilidad, que tienen cierta ventaja a la hora de llevarla a cabo, todos tenemos un amplio margen de mejora, que se puede provocar gestionando distintos recursos.

Estos recursos pueden ser los pensamientos, las ideas irracionales o las creencias. También las emociones, la capacidad de tolerar ciertos niveles de ansiedad, de aprender a convivir y exponerte a determinados miedos etc.

O incluso los comportamientos que llevamos a cabo y que pueden provocar que vivamos experiencias de este tipo más a menudo, que nos permitan recibir información del entorno y de nosotros mismos para seguir optimizando esta capacidad.

Aprendizaje por resultados o por dominio.

Esta es una de las clasificaciones que la psicología utiliza para diferenciar formas de aprendizaje. Para entendernos bien, vamos a plantear dos definiciones breves de ambas que contextualicen lo que queda de artículo.

-El aprendizaje por resultado, es aquel en el cual, dicho aprendizaje se considera exitoso si el resultado final de la tarea, se ajusta a la expectativa que se tiene previamente. Es decir, este es el típico caso del examen de matemáticas. Hacemos el examen, y si aprobamos estamos satisfechos y sino no lo estamos. Es un aprendizaje cuya sensación de satisfacción o insatisfacción está supeditada a un resultado único y concreto.

-El aprendizaje por dominio, se refiere a aquel que resulta del conocimiento y el control de los procesos que hay que llevar a cabo para llevar una tarea o una actividad. Por lo tanto, el éxito dentro de este estilo, no se fundamenta en un resultado concreto, sino en el entendimiento del proceso general que hay que seguir para tener éxito en tareas concretas. El fallo pasa de ser un fin (malo), a ser un medio para llegar un fin más global, con lo cual lo instrumentalizamos, le damos una utilidad, y a nivel mental eso permite tolerar en mayor medida los pequeños fallos y errores en situaciones específicas.

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Poniendo un ejemplo más, pensemos en aprender a tocar la guitarra. Aquí el objetivo general es aprender a tocar la guitarra, entendiendo como se usa la púa, cómo funcionan los acordes, las escalas etc. Todo se contextualiza dentro del dominio de una tarea, “aprender a tocar la guitarra”, y por lo tanto, el fallo en situaciones concretas como hacer un mal rasgueo, se asume como necesario, para ir ajustándonos a los patrones y las nociones que necesitamos adquirir para entender el proceso por completo.

Cómo nos ayuda esto al hablar en público

Os vamos a contar un caso bastante habitual en la vida de Rosario, un buen amigo de Psicorockgia. Siempre que tenía que hablar en público en el colegio, Rosario sabia que cuando lo hiciese se pondría nervioso y que sería una situación embarazosa.

Para él sería un fracaso terrible, salir ahí a la mañana siguiente y que las cosas no salieran a la perfección. Es decir, quería sentirse tranquilo, hablar sin que le temblara la voz, no ponerse rojo, tener la admiración de todos, y por supuesto sacar una buena nota. Sin embargo, una vez más cuando salió, si bien lo hizo mejor que otras veces, sintió una gran sensación de ridículo, humillación y tristeza por no haber cumplido su objetivo.

Años después nos escribió y nos contó algo de lo que se había dado cuenta. Rosario había mejorado mucho, y una vez más, pero ahora en la universidad, se encontraba ante el día previo a otra exposición oral. Sin embargo esta vez confesaba no estar nervioso, si bien sabía que hoy en día tampoco era un comunicador excepcional.

A los dos días supimos de él de nuevo, y admitió que si bien la exposición no había salido genial y había cometido algunos errores a su juicio, se sentía bien y decía estar empezando a sentirse cómodo independientemente de las circunstancias.

Y la clave de todo esto está en uno de los párrafos que nos escribió:

“Me sorprende mirar atrás y darme cuenta de que la diferencia de cómo me siento ahora a como me siento antes, no está en mi mejora a la hora de expresarme (si bien ayuda, claro); sino en que antes me centraba exclusivamente en esa situación y me cegaba ante lo demás. Y sin embargo ahora, que estoy tan centrado en entender cómo funciona la comunicación, esta exposición es solo una oportunidad de aprender, y es como si los fallos ya no pudieran  hacerme daño, porque de hecho son útiles para seguir mejorando de cara a la siguiente. Ya no soy esclavo de situaciones concretas y de sus resultados, he aprendido a reorientar todo a un proceso de aprendizaje ¡Y es genial!”

Curioso, ¿verdad? No es lo mismo pretender convertirse en el mejor comunicador de la noche a la mañana, solo porque tenemos que hacer un examen oral o una ponencia, que pretender entender cómo funciona la comunicación y como mejorar, a través de muchas y muchas experiencias de distinto tipo en esta área durante un largo tiempo.

Por eso nuestra propuesta es plantearnos crear una visión particular y personal de quién queremos ser en este área de nuestra vida, y a través de sucesivas experiencias, y gestionando los recursos pertinentes, acercarnos gradualmente a esa visión. Para ello, buscaremos utilizar cada experiencia de forma holística, bajo la idea de que en todo proceso de mejora, vamos a vivir momentos malos y vamos a cometer errores, que afortunadamente nos servirán para analizar nuestros pensamientos, emociones y conductas para dar un paso mas este camino.

Así que de cara a próximos artículos, os proponemos reflexionar acerca de que estilo de aprendizaje se ajusta más al vuestro. Y os invitamos a empezar a centrar vuestras expectativas un poco más en los procesos, y dejar los resultados como lo que son, información para modificar las cosas que podemos mejorar y conocernos un poco mejor. Evitando de esta forma, que se conviertan en  juicios tajantes de quién somos, influyendo así en elementos como la autoestima, el autoconcepto, los pensamientos etc.

¿Queréis seguir aprendiendo cómo mejorar hablando en público? Pues atentos al próximo artículo de esta serie ¡Mucho Rock!

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Fernando Díez Serrano
Psicólogo general sanitario y fundador de Psicorockgía. He sido ponente en TEDxCalledelacompañia y he colaborado con empresas como Psiky, Egoland o Psicología y Comunicación. Actualmente ejerzo de psicólogo en Clínica Centro Estación en Ávila. La clave para dar sentido a la vida está en el arte, está en la música.