¿Es así como quiero relacionarme?

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No hemos querido dejar pasar más de una semana para daros el desenlace de nuestro primer artículo sobre cómo cambiar las creencias en las relaciones sociales. Si en el anterior vimos toda la parte teórica, siempre necesaria para establecer una base sólida, en este vamos a proponer varias herramientas que nos permitan ir mejorando.

Es importante destacar que vamos a alejarnos de perspectivas habituales en las filosofías más prácticas y literales, y vamos a basar el discurso en algunos aspectos centrales como la reflexión, el relativismo, el proceso etc.

Y antes de nada, y dado que hace unos días que ha muerto uno de los héroes del rock, Chuck Berry, vamos a rendirle nuestro pequeño homenaje.

1.     Auto-conciencia

En el artículo anterior planteamos un contexto en el cual entendemos que solo hay una realidad y dentro de esta, cada uno elabora su propia construcción subjetiva de ella. Es lógico entonces asumir que cada persona tiene sus propias creencias, y que por lo tanto cada uno tendrá ciertas creencias limitantes distintas o no a las de los demás.

El primer paso para poder cambiar algo es ser conscientes de la existencia de ese algo. Nosotros hemos planteado al principio algunas de las posibles ideas irracionales y creencias limitantes que podríamos tener, pero eso no quiere decir que cada uno de vosotros tenga que tener una sola de ellas.

¿Entonces cómo sabemos que creencias tenemos? Como dijimos antes, explorando nuestra infancia y educación, el contexto social en el que nos movemos y nos hemos movido a lo largo de nuestra vida y las experiencias personales que tuvimos y tenemos (con ayuda de un psicólogo siempre será más fácil y eficaz).

Si observamos nuestras conductas, pensamientos y emociones habitualmente, iremos creando un conocimiento cada vez más profundo que nos permitirá acceder a las creencias que a veces potencian y a veces limitan nuestros actos.

¿Por qué me puse nervioso aquí? ¿Por qué me cuesta tanto ser amable cuando conozco a alguien? ¿Por qué no soy tan sociable de primeras como el chico brasileño de mi trabajo? ¿Qué ha pasado para que me haya cerrado en banda en ese momento?

Ser curiosos con uno mismo, explorar, analizar, reflexionar y sobre todo tener la valentía de poner en duda nuestra forma de interpretar la realidad…en definitiva, elegir tomar más conciencia sobre los patrones de conducta y pensamiento automáticos que tenemos, para posteriormente cuestionarlos y modificar los que decidamos después de reflexionar que deben ser modificados.

2. Permitirse dudar y relativizar.

En relación a las creencias, históricamente ha existido un debate entre dos importantes filósofos: Descartes y Spinoza.

-Descartes afirmaba que primero se realiza un ejercicio de comprensión de la realidad y una vez realizado, se cree en ella.

-Spinoza por otro lado, decía que primero se cree, luego intentamos entenderlo y a partir de ahí podemos dudar o no dudar.

A raiz de este debate, Gilbert y sus colaboradores (1993) realizaron un experimento psicológico que terminó dando la razón a Spinoza; primero el cerebro tiene una tendencia a creer en la realidad y después viene los demás: comprensión, duda etc.

¡Por eso las creencias irracionales siguen ahí, porque las damos por verdaderas de forma natural pero después no las ponemos en duda!

Todos hemos experimentado alguna vez, la situación de creer como verdades absolutas cosas que nos dicen, por ejemplo un personaje famoso o histórico importante para nosotros. Pero como vemos, eso no quiere decir que porque lo creamos sea cierto en realidad.

Proponemos entonces asumir el planteamiento de Spinoza, pero que  intentemos entender si esas creencias se basan realmente en verdades o no a través de la “duda metódica” de Descartes, poniéndolas en cuestión, siendo objetivos y generando una dinámica en la cual integramos creencias potenciales y desechamos las limitantes.

Tenemos pensamientos, conductas, ideas…que siempre damos por hecho que son ciertas o están bien, y de repente una nueva persona, un viaje, un nuevo trabajo o simplemente una nueva perspectiva, hace que de repente todo cambie: y sin embargo un mes antes, teníamos esa certeza inamovible de que eso era totalmente cierto y estaba genial.

La propuesta entonces es comprobar si nuestras verdades absolutas, son realmente eso, verdades.  Pero  ¿para quién? Para nosotros mismos por supuesto, pero de tal forma que sean coherentes al contexto. De nada nos sirve por ejemplo, asumir que si somos perfectos tendremos a cualquier persona en nuestros brazos, si luego la realidad no se corresponde con eso y estamos más solos que la una.

¿Cómo lo comprobamos? Dudando, planteando cuestiones, proponiendo alternativas, sembrando un interrogante como premisa a todas nuestras experiencias.

¿Con qué objetivo? Relativizar. Es algo de lo que nos daremos cuenta a medida que dudemos, y es que las verdades absolutas escasean en el mundo, y más aún si se refieren a un mundo tan dinámico y subjetivo como el de las relaciones. Si recordais, esta era una de las características esenciales de las creencias racionales o potenciales, usar menos “debo” y “tengo que” y más expresiones flexibles que toleren el cambio y el fracaso esporádico, como “preferiría” o “está bien”.

¿Significa eso que siempre viviré en la incertidumbre y que ya no puedo creer en nada con fuerza? Para nada, no estamos tan locos, solo significa que en la medida en que somos flexibles con nuestras creencias, cuando el mundo y las circunstancias cambian (y lo harán) tenemos mayor capacidad para adaptarnos, reinventarnos, y en definitiva sentirnos mejor en el proceso y obtener los resultados que queremos con mayor probabilidad.

Por ejemplo, podemos creer que sería interesante o algo bueno amar a una sola persona en la vida, pero eso es muy distinto de pensar que “tengo que”, “debo” o “hay que” amar a una sola persona en mi vida. Porque  ¿Y si en determinado momento mientras vivo con mi novia me siento atraído por otra persona? ¿Cuántas personas en el mundo viven sus vidas en torno a un único amor? ¿Y si ese gran amor se enamora de otra persona? ¿Debemos renunciar al amor de por vida? Hay mil posibilidades de que las cosas no se desarrollen como esperamos en cada situación, por eso es preferible prepararnos, sin cohibir nuestros deseos de que las cosas funcionen de determinada manera en el mundo.

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Hasta aquí la segunda parte del artículo. Como venimos haciendo últimamente no queremos sobrecargar el contenido de cada artículo para que la lectura no sea interminable, así que próximamente tendréis la tercera parte del artículo con otras tres herramientas más. !Mucho Chuck Berry y mucho rock!

Autores:

Wilton Araujo Dos Santos

Fernando Díez Serrano

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Fernando Díez Serrano
Soy psicólogo general sanitario y fundador de Psicorockgía. He sido ponente en TEDxCalledelacompañia y he colaborado con varias empresas especializadas en habilidades sociales. Entiendo mi trabajo como psicólogo dirigido hacia lo que las personas con dificultades realmente demandan, y priorizo esto a los debates inservibles que se dan dentro del mundo de la psicología de forma nociva e irrespetuosa a día de hoy. Por lo tanto me abro a los múltiples modelos y alternativas que la psicología ofrece a día de hoy y al trabajo multidisciplinar con otros profesionales.

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