David González Jara: un rockero de las aulas

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Si pensamos en la fase de la vida donde uno se dedica a estudiar, es habitual que a la larga solo se recuerde un puñado de profesores que te han marcado. En una época donde los asuntos educativos están más en auge que nunca, se me ocurrió la idea de charlar sobre estos temas con el profesor que más admiré –y admiro- de  toda esa etapa.

Él es uno de los pocos profesores sobre los que la opinión de varias generaciones siempre ha sido unánime y positiva. Era justo con todos, exigente y a la vez confiante en que sus alumnos tenían lo necesario. Y además siempre tuvo la creatividad y el entusiasmo necesario para que aprendiéramos, en asignaturas que a ciertas edades pueden convertirse en un calvario. Después de muchos años, toda la gente con que me encuentro y hablamos de aquella época solo tiene buenas palabras sobre él como persona y profesional.

David González Jara es profesor –principalmente de biología aunque también imparte o ha impartido clases de geología, química, física o matemáticas- desde hace más de 17 años. Doctor y licenciado en bioquímica, desde hace tiempo se dedica a la divulgación científica con trabajos como “Melanina, Dinosaurios y otras historias –un paseo por la realidad-“.

Ya que a lo largo de estos años su trabajo se ha centrado en alumnos de educación secundaria principalmente, hoy hablaremos con él acerca de temas como el sistema educativo, el acoso escolar, la importancia de la música, el conflicto de las ciencias y las letras etc.

foto 3 - David González Jara: un rockero de las aulas

P- Bienvenido David, en primer lugar agradecerte que saques un rato para esta entrevista. Nos gustaría comenzar hablando de la formación de los profesores en España. ¿Crees que la formación que se recibe es suficiente, o que hace falta algo así como un MIR para ser más exigentes y certeros con esta profesión?

R- Muchas gracias, y encantado de responder a las preguntas de un antiguo alumno.

En referencia a esta primera cuestión que me planteas soy de la opinión de que en todos los ámbitos, y especialmente en el educativo, siempre hay posibilidades para mejorar y, por supuesto, la formación del profesorado no constituye una excepción. Sin embargo, hay un aspecto que la mayoría de las personas que son ajenas al mundo educativo parece desconocer, y es el hecho de que la formación de un profesor no finaliza cuando termina sus estudios universitarios y accede a una plaza en un colegio o en un instituto. Los docentes son profesionales que se están formando constantemente con el objetivo de actualizar sus conocimientos, conocer nuevas metodologías de enseñanza que implementar en el aula, acceder a nuevos recursos que faciliten el proceso de enseñanza-aprendizaje… Y personalmente no creo que una especie de MIR, como el que realizan los médicos, aplicado a la selección del profesorado pueda mejorar la calidad de enseñanza. Existen otros aspectos mucho más relevantes sobre los que urge la actuación de la Administración educativa, circunstancias que de verse mejoradas afectarían de forma positiva a la calidad de la educación que se imparte en nuestro país. Así, sobre la marcha, se me ocurren algunas como disminuir el ratio de alumnos por aula, gestionar rápida y eficazmente las sustituciones de profesores que se encuentren de baja, facilitar apoyos dentro del aula para los alumnos con necesidades educativas especiales, disminuir las tareas burocráticas que debe realizar el docente y que le restan tiempo que dedicar a la enseñanza de sus alumnos o a su propia formación, evitar que un profesor se vea obligado a impartir una asignatura de la que no es especialista, etc.         

P- Últimamente el acoso escolar está en boca de todos, ¿tienes la sensación de que ha aumentado con respecto a hace 10 o 15 años? ¿Y cómo crees que debe tratarse este problema?

R- El acoso escolar ha existido siempre, antes hablábamos del abusón de la clase y ahora lo denominamos bullying pero en definitiva se trata de una misma cosa. Lo que es cierto es que hoy en día somos más sensibles a este problema y ahora la comunidad educativa está menos dispuesta que antes a pasar por alto este tipo de comportamientos. El acoso escolar es un problema muy grave que afecta negativamente a la dinámica escolar y que puede llegar a convertir la vida del alumno acosado en un verdadero infierno. La solución a este problema se me antoja compleja, pero probablemente la única forma de atajarlo sea que Administración educativa, familias, profesores, equipo directivo e incluso policía trabajen de forma conjunta.

P- David Vallejo, uno de los redactores de la web, comentando que el recreo suele ser un espacio de vulnerabilidad para los que sufren este tipo de conductas, me pidió que te preguntara acerca del papel que crees que los profesores deben tener durante estos periodos de tiempo, y de qué maneras según tu experiencia se puede o se podría controlar esto. ¿Hace falta más ayuda a los profesores para situaciones como esta?

R- Sin duda el recreo, las excursiones o cualquier actividad que se realice fuera del aula y que permita cierto grado de libertad para el alumno constituyen un lugar vulnerable, sencillamente porque el acosador se encuentra más liberado del control del profesor y el alumno acosado está mucho más desprotegido. La clave reside en que el profesor no considere el recreo de los alumnos como un periodo de descanso, sino como otro momento en el que seguir desempeñando su trabajo. De hecho, la observación de los alumnos fuera del aula nos brinda la oportunidad de detectar situaciones de acoso que nos pueden pasar desapercibidas en el aula bajo el control del profesor.

No creo que sea necesaria más ayuda, en un claustro hay suficientes profesores como para desempeñar una labor de observación durante los recreos que detecte y/o impida las situaciones de acoso.     

foto 1 - David González Jara: un rockero de las aulas

P- Tú llevas ya muchos años de profesor, y aun así eres un profesor joven. ¿Notas diferencia en como los profesores nóveles y los clásicos tratan la temática del acoso escolar?

R- Je, je, je. Muy agradecido por lo de joven, pero creo que ya me encuentro de lleno en el lado de los veteranos. En realidad, respecto al acoso escolar no he percibido ninguna diferencia entre los profesores más jóvenes y los más veteranos, creo que la inmensa mayoría de los profesores, independientemente de su experiencia, estamos muy preocupados por detectar cualquier situación de acoso entre nuestros alumnos.   

P- Como sabes aquí somos mitad psicología mitad rock and roll. Sabemos de buena tinta que a ti esta música –o músicas similares- no te desagradan ni mucho menos. ¿Puedes contarnos qué grupos, artistas y canciones te han ayudado a lo largo de tu vida en situaciones complicadas, o en momentos especiales?

R- No te equivocas, me encanta la música en casi todas sus variantes, pero por encima de todas ellas adoro el rock. Reconozco que diariamente necesito mi dosis de canciones de Nirvana, Manson, Radiohead, Nick Cave o Bunbury que escucho cada mañana en el coche cuando viajo al instituto. Pero si tengo que elegir un grupo -y todas sus canciones- que me guste escuchar en momentos especiales, para pensar e incluso para concentrarme antes de preparar una clase o ponerme a escribir ese grupo es Extremoduro.   

P- Desde fuera cada vez parece que hay una escisión más grande entre las letras y la ciencia. Es como si “las letras” ya no tuviesen cabida en la educación y hubiese que sustituir la filosofía o la música por más horas de matemáticas. ¿Compartes esta sensación? ¿Qué opinas al respecto?

R- La separación entre ciencias y letras como ramas aisladas de conocimiento es absolutamente artificial. No existen personas “de letras” y personas “de ciencias”, y en el desgraciado caso de que así fuera hablaríamos de individuos incompletos, incapacitados y limitados para interpretar de forma holística la realidad. El individuo necesita manejar, al menos, ciertos rudimentos matemáticos, entender el porqué de algunos procesos que se dan en su entorno o conocer cómo funciona su propio organismo; pero no le es menos imprescindible disfrutar del arte, de la literatura y de la música o aprender a pensar del modo en que nos enseña la filosofía. Personalmente no concibo la idea de que por el simple motivo de estudiar una carrera científica deba limitarme a leer artículos y libros de ciencia y renunciar a Roth, a Dostoyevski o a Ortega.  

Dicho todo lo anterior, me imagino que no te sorprenderá saber que creo que es un error aumentar las horas de asignaturas como matemáticas o economía en detrimento de otras que nos enseñan a pensar y nos permiten disfrutar de la faceta artística que es innata al ser humano (asignaturas como la filosofía, la educación artística o la música). Bueno, es un error a menos que el objetivo de los dirigentes políticos sea crear nuevas generaciones de ciudadanos incapaces de reflexionar y, por tanto, más fácilmente manipulables; en ese “hipotético” caso eliminar la filosofía del programa académico resultaría un acierto total.        

P- ¿Cómo crees que la música puede ayudar tanto psicológicamente como en su desarrollo a los niños y niñas?

R- No tengo claro de qué modo la música podría ayudar a las niñas y a los niños, pero sí te puedo decir que la buena música es un arte que no solo comunica palabras, también emociones. De modo que la música podría conformar una estupenda estrategia para que los alumnos liberen y muestren sus emociones, además de ser un medio muy útil para promover la creatividad.  

P- Volviendo a ti, en toda esta época de la adicción a móviles, la falta de límites de padres y madres a sus hijos etc. ¿Cómo consigues captar la atención de tus alumn@s? ¿Has tenido que hacer un cambio radical en tu manera de dar clase con respecto a tus primeros años?

R- Sé que va a quedar un poco cursi -je, je, je-, pero estoy seguro que la mejor estrategia que puede utilizar un profesor para motivar (y yo diría que cualquier profesional que quiera atraer la atención de “su público”) es hacer lo que hace, en este caso impartir sus clases, dándolo absolutamente todo, con emoción, mostrando el amor que se tiene por lo que se está enseñando. Cuando los alumnos observan la pasión que un profesor tiene por la materia que está impartiendo lo normal es que se sientan contagiados y terminen por sentirse atraídos por la asignatura.

Probablemente si ahora mismo pudiera ver alguna de las primeras clases que impartí me quedaría muy sorprendido; pero más me desconcertaría y, sobre todo, me preocuparía si no fuese así, es decir si viese que en estos años no ha cambiado nada mi manera de dar clases. Soy de la opinión de que en las clases no solo aprenden mis alumnos, yo también lo hago a través de sus preguntas y sus respuestas, su modo de interpretar las cosas, de entender o no mis explicaciones… Y este aprendizaje mutuo provoca que cada curso académico mis clases sean diferentes, y que yo no me frustre y me aburra como una ostra por repetir siempre lo mismo.

P- Ya llevas varios libros de divulgación científica, ¿por qué te aventuraste a escribir libros como “Bacterias, bichos y otros amigos”? ¿Crees que la ciencia como la psicología tiene que aprender a adaptar su lenguaje para llegar a la gente? ¿Consideras un problema el elitismo y vanidad que hay en ciertos investigadores de categoría en diferentes áreas en relación al resto de personas?

R- Podría decirte que me dedico a escribir libros de divulgación científica porque quiero que todo el mundo disfrute de la ciencia tanto como yo lo hago, y no te mentiría. Sin embargo, la razón última es que escribo (muy pocas veces publico) porque para mí es una necesidad vital, porque me completa como persona y, sobre todo, porque me encanta. Intento ser una persona reflexiva cuando hablo, cuando doy una clase o cuando leo un libro, pero solo alcanzo un nivel de razonamiento mínimamente aceptable cuando agarro el lápiz y me pongo frente a un papel.

Todas las disciplinas, ya hablemos de ciencia, psicología, arte o música, deben adaptar su lenguaje para que muchos de sus conceptos puedan ser aprehendidos por cualquier individuo que muestre cierto interés. Una sociedad solo será verdaderamente democrática cuando todas las personas puedan acceder, si así lo quieren, al conocimiento, porque solo desde el conocimiento se es libre para tomar decisiones.

No creo que el hecho de que ciertas áreas del conocimiento, en especial la ciencia, se encuentren alejadas del público en general se deba a un elitismo que hoy en día no caracteriza a la inmensa mayoría de los investigadores (tampoco se debe a su ego, aunque desde luego este sí que abunda, como en todas las disciplinas incluida la propia divulgación científica), sino que más bien se debe al lenguaje que utiliza y le es imprescindible a la propia ciencia para desarrollarse. Lo cierto es que hay que reconocer que cada día hay más científicos involucrados en la tarea (poco reconocida y que realizan a mayores de su trabajo) de divulgar al lego sus investigaciones.

P- ¿Cómo crees que un padre y una madre deben afrontar las dificultades escolares de sus hijos? ¿Hay que estar encima, siempre pendientes de si tienen deberes, por ejemplo? ¿Hay que dejarles a su aire? ¿Clases particulares a todas horas? ¿Un término medio?

R- La pregunta es complicada de responder, al menos de una forma general porque la actitud de los padres con sus hijos dependerá fundamentalmente de la edad de estos últimos. Podríamos decir como norma general, y en educación las normas generales son las menos generales de todas, que conviene que los hijos vayan poco a poco haciéndose responsables tanto de realizar sus tareas como de estudiar por sí mismos.

Respecto a las clases particulares tengo que decirte lo mismo: depende. En principio si un alumno escucha y trabaja en clase no debería necesitar el apoyo extra de las clases particulares; pero esta afirmación queda tan bonita como, a veces, poco creíble. En algunos casos el alumno llega al aula con cierto déficit de destrezas y conocimientos, le cuesta concentrarse durante las clases, no entiende las explicaciones del profesor…, en estos casos puede ser recomendable un apoyo externo para que el alumno no desconecte de la asignatura.

foto 4 - David González Jara: un rockero de las aulas

P- ¿Cómo pueden los padres ayudar y facilitar el trabajo de un profesor?

R- Creo que no menoscabar la autoridad del profesor delante de los hijos sería una ayuda más que suficiente. No obstante, los padres no deben olvidar (tampoco los profesores) que la educación de un niño es una tarea global, en la que padres, madres y centro educativo deben trabajar de forma conjunta.

P- Por último y para cerrar. ¿Qué canción y autor recomendarías a la gente joven –o no- que escuchen al menos una vez en la vida?

R- Me lo pones muy difícil, elegir solo una canción es como elegir un único libro. Pero bueno creo que si hay un grupo que cualquier adolescente (y cualquier viejuno como yo) debería escuchar ese es Nirvana. Y no pudiendo elegir el Nevermind completo diría que la canción que hay que escuchar sí o sí es Smells Like Teen Spirit.