¿Cómo controlar los celos?

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En la entrada de hoy vamos a tratar un tema que suele dar problemas en el ámbito de las relaciones: los celos. Seguro que éstos o nuestra incapacidad para manejarlos han sido los causantes de alguna discusión con nuestra pareja o de algún conflicto con un amigo/a, compañero/a de trabajo o familiar. Aclararemos qué son, diferenciaremos los celos “normales” de los “patológicos” y descubriremos pautas específicas que nos ayudarán a mantenerlos bajo control.

Comencemos por desmentir un mito romántico que, hoy en día, está en pie incluso entre nuestros adolescentes, lo cual debería preocuparnos bastante: “si está celoso es porque de verdad le gustas”, su variante: “si está celoso es porque te quiere de verdad” o, mejor aún: “si no se pone celoso es que le importas más bien poco”.  Todas estas afirmaciones pueden dar lugar a problemas sociales tan serios como la violencia de género.

El hecho de que las personas crean que lo normal es que su pareja las controle o les prohíba ponerse cierta ropa, usar maquillaje, comportarse de cierta forma o salir con ciertas compañías porque están celosas es preocupante, pero más preocupante aún es que crean que están celosas porque las quieren. Esto mantiene la simple existencia de estos comportamientos, su proliferación y, por último, y casi lo más importante: su tolerancia.

Os dejo con “Two princes”, de Spin Doctors, tema en el que los celos tienen algo de protagonismo:

Entonces: ¿qué hay de cierto en la afirmación “está celoso porque me quiere de verdad”?

Los celos son la respuesta “egoísta” ante la percepción de que una relación significativa está siendo amenazada. Esta amenaza puede ser consecuencia de muchos procesos: percibimos que la persona que genera la amenaza es mejor que nosotros en algún ámbito y por tanto influyen nuestras inseguridades, poseemos seguridad en nosotros mismos y aún así desplegamos comportamientos para prevenir la desaparición de una relación que nos importa… Lo que está claro es que no podemos atribuir los celos al amor que nuestra pareja siente por nosotros.

Como todos, sin excepción, albergamos algo de egoísmo, es inevitable que en ciertos momentos de nuestra vida nos sintamos celosos. Incluso algunos autores, como Fernández Liporace (2001) consideran que, cuando los celos son moderados, revelan sabiduría emocional y funcionan como una respuesta anticipatoria que previene o intenta prevenir la infidelidad y la consecuente pérdida posible de la pareja. Los celos tienen sus explicaciones antropológicas e incluso sus orígenes cristianos, constituyendo éstos una garantía de exclusividad y de fidelidad.

Es importante que sepamos diferenciar entre:

  • sentir celos “normales” y saber gestionarlos
  • sentir celos “normales” y no saber gestionarlos
  • sentir celos extremos, los cuales por lo general no saben gestionarse

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¿Dónde situamos la delgada línea entre “celos normales” y “celos problemáticos o patológicos”?

Las parejas que funcionan suelen establecer unos límites en conjunto que hacen referencia a los comportamientos que se pueden llevar a cabo sin que la otra persona se sienta mal. Estos límites suelen originarse por ensayo-error. Cuando surge una situación que provoca celos en nosotros como miembros de una pareja y sabemos gestionarlos solos o con ayuda de nuestra pareja de forma asertiva, nuestra relación permanecerá intacta y continuarán forjándose estos límites acordados por los dos miembros.

Los celos patológicos, por su parte, presentan manifestaciones clínicas en varios niveles:

  • EMOCIÓN: nos ponemos nerviosos, tenemos miedo y nos cabreamos o, con palabras técnicas: es frecuente la ansiedad y /o la agresividad.
  • PENSAMIENTO: tenemos una creencia irracional –es decir, no existen evidencias que la sustenten pero aún así la mantenemos- de que nuestra pareja nos será infiel. Pensamos que esa persona que nos preocupa “es mejor que nosotros o tiene algo que nosotros no tenemos”. Nos vienen a la mente pensamientos relacionados con la infidelidad, por ejemplo “me va a poner los cuernos”, “me va a dejar por él/ella” y nos preguntamos: “¿con quién estará?”, “¿dónde estará?”, etc.
  • CONDUCTA: buscamos seguridad desplegando comportamientos para controlar a la otra persona -acusaciones verbales, interrogatorios, lectura de mensajes que no nos incumben, espionaje…- que, si lo pensamos en frío, pueden ser muy absurdos.

Pongamos un ejemplo de esto: Laura está en su casa y recibe un WhatsApp de su pareja, Mario: “Lau, hoy ceno con los del trabajo, llegaré algo más tarde a casa”.

Laura responde: ¿también van las chicas?

Mario: sí, algunas.

Laura: ¿son las morenas que vi en la foto?

Mario: sí, son morenas.

Laura busca entonces que Mario le diga que las chicas no son físicamente agraciadas, para tranquilizarse y escapar de la ansiedad que le está provocando sentirse inferior y pensar que Mario podría fijarse en alguna de sus compañeras.

Laura: vaya pibones, ¿no?

Mario: son normales, Laura…

Laura comienza a sentirse más y más ansiosa, las inseguridades respecto a su físico afloran, comienza a imaginarse situaciones de cortejo entre Mario y las chicas y decide seguir escribiendo a Mario para que éste lo desmienta.

Laura: Mario, ¿tú crees que son más guapas que yo, verdad?

Mario: claro que no, Laura. Deja de decir tonterías. Eres preciosa.

Laura, más calmada con respecto a sus inseguridades físicas, trata ahora de evitar este encuentro haciendo peticiones a Mario para que cancele su plan.

Laura: Me apetecía que esta noche fuésemos a cenar sushi…

Mario: Me apetece muchísimo, pero ya había cerrado este plan. ¿Por qué no vamos mañana?

Laura, ante el rechazo, atribuye la respuesta de Mario a una preferencia de sus compañeras de trabajo por encima de ella y acaba usando la ironía para atacar a Mario, enfadándose con él.

Laura: perfecto, pásatelo genial con tus morenazas 😉

(Podemos cambiar a Laura por Mario, morenas por morenos y que el celoso sea el otro miembro).

Muchos de nosotros nos sentiremos identificados con estas reacciones, otros creeremos que son exageradas… En definitiva, depende de la persona. Tendríamos que evaluar más a fondo si es una escena de celos patológicos: lo que sí podemos afirmar es que la reacción de Laura ha generado un conflicto de lo que podría haber sido una simple conversación en la que un miembro de la pareja informa a otro de que hoy no cenan juntos.

Lo “patológico” de la situación, como siempre en psicología, viene determinado por la frecuencia de la misma y sobre todo por el malestar que genera en la persona. Si Laura no puede tolerar esta situación, afecta a su día a día y a su relación y, por ejemplo, le hace sufrir y/o llora muchísimo cuando lo cuenta: los celos son un problema grave en su vida. También pueden ser “patológicos” si generan conflictos en nuestra pareja de forma repetida y están poniendo en peligro nuestra relación o afectando a su calidad.

Seguramente si mostramos esta conversación a Laura pasado un tiempo –días e incluso horas- le dará vergüenza leer alguna frase específica, como por ejemplo: “¿son más guapas que yo, verdad?”.  Esto ocurre porque Laura ha elegido desplegar sus estrategias de afrontamiento en un momento de ansiedad elevada y, sin querer, ha provocado un conflicto.

Pensémoslo un momento: si Laura no hubiera estado tan nerviosa e irascible, ¿habría respondido a Mario con una carga irónica tan fuerte? ¿se habría enfadado?: probablemente no. Es importante que mantengamos la calma y recordemos que nuestra pareja es para nosotros “just like heaven” y que cualquier reacción podría volverse en nuestra contra:

Si no nos hemos sentido identificados con la conversación entre Laura y Mario: perfecto, estamos más cerca de construir una relación sana. Si, por el contrario, nos ha ocurrido o vemos factible que nos ocurra:

¿Qué podemos hacer para evitar los celos problemáticos?

Es importante que nos quede claro en este punto que, si notamos que nuestros celos interfieren demasiado con nuestra vida individual o de pareja, debemos acudir a un especialista para que evalúe la situación en su totalidad y aplique el tratamiento adecuado.

  1. Dejemos de comprobar

Pensémoslo un momento: el hecho de que nos aseguremos de que nuestra pareja nos quiere en el momento en el que creemos que hay una amenaza: ¿en qué nos ayuda? Si nuestra pareja quiere realmente ser infiel ¿de qué sirve este comportamiento?

Lo que está ocurriendo en estos casos es que la ansiedad ha aumentado en nosotros como respuesta a una amenaza. Para disminuir esa ansiedad elegimos escribir a nuestra pareja, llamarla, hacerle ciertas preguntas o enfadarnos para que nos demuestre que nos quiere en ese momento y no en otro y de una forma determinada y no de otra.

Evitemos entonces estas llamadas y reaseguraciones, dejemos a la ansiedad que disminuya sola y, cuando haya pasado y si nos quedan ganas, actuemos. Puede que pensemos que es fácil de decir y díficil de llevar a cabo, pero en cuanto comprobemos las consecuencias de uno y otro comportamiento elegiremos sin duda esta forma de proceder.

  1. Cuestionemos la veracidad de lo que pensamos.

¿Qué posibilidades hay de que nuestra pareja no nos coja el teléfono porque esté con otra persona? ¿Alguna vez nos ha demostrado que tenemos que desconfiar de ella? ¿Si no es así, por qué nos estamos alterando tanto?

Si el problema es, por ejemplo, que no nos coge el teléfono, podemos imaginar que está en otras situaciones diferentes que le impiden atendernos, por ejemplo: en el baño, en una reunión de trabajo, en un lugar con mucho ruido sin posibilidad de escucharnos…

También podemos apuntar los pensamientos que nos vienen a la cabeza e intentar sustituirlos por otros neutros o más agradables. Esto puede servir en los momentos de tensión en los que creemos que nuestra pareja es el demonio y va a acostarse con la mitad de sus compañeras de trabajo.

  1. Convenzámonos de que no somos menos que nadie.

De nuevo, podemos pensar que es muy sencillo decirlo. Sin embargo, no perdemos nada por intentarlo: nos puede ayudar pensar que nuestra pareja nos ha elegido de entre todas las personas que conoce y que, si lo ha hecho, es por algo. Dejemos de pensar en lo que puede pasar si otras personas demuestran ser mejor que nosotros y disfrutemos de las sensaciones que nos brinda compartir nuestra vida con alguien especial.

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.