Cómo manejar los problemas que no tienen solución

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En el artículo de hoy hablaremos sobre los problemas que no tienen solución, ya descritos en un artículo anterior, titulado Problemas solubles e irresolubles. Conoceremos cómo suavizarlos y aprenderemos a integrarlos en nuestra relación sin que esta sufra grandes daños.

¿Qué verás en este artículo?

  1. Qué es un conflicto que no puede ser resuelto: recordaremos las características de este tipo de problema para poder identificarlo en nuestra relación y poder abordarlo de una forma adecuada.
  2. Qué hay detrás de los conflictos irresolubles: los conflictos irresolubes suelen albergar tras de sí ciertos objetivos de cada miembro de la pareja. Comprender que existen e identificar cuáles son nos ayudará en el manejo de los conflictos previamente especificados.
  3. Pautas para el manejo de los conflictos que no se pueden resolver: aunque nunca los resolvamos del todo, podemos aprender cómo manejarlos para que nos afecten lo menos posible a nivel personal y relacional. En este punto tenemos las claves.

Comenzamos, como siempre, con un poco de música. Esta vez de la mano de The Kills:

Resolver vs. manejar el conflicto:

Como ya explicamos en una entrada anterior, los problemas irresolubles son aquellos que, si no nos hacen daño, son aceptados como aspectos de nuestra relación que, aunque a veces molestan, no podemos cambiar.

En el caso de que nos provoquen malestar, puede ser que no hayamos aprendido a manejarlos. Sabremos que es un problema no solucionable porque cada vez que sale el tema nos sentimos heridos y estancados en él y, además, toca ciertos aspectos de nuestra personalidad que no estamos del todo dispuestos a modificar.

¿Cómo podremos resolver estos problemas si forman parte de nuestra personalidad? El objetivo no es solucionarlos, si no salir de la inmovilización que estos problemas pueden haber generado en nuestro matrimonio o relación de pareja. El objetivo es, por tanto, aprender a convivir con el conflicto en cuestión, manteniéndolo bajo control.

Buscar en el fondo de los conflictos que no pueden resolverse

Los conflictos en los que se estanca un matrimonio o relación suelen tener que ver con esperanzas y aspiraciones de las personas individuales que forman la pareja. Por ejemplo, puede tener de fondo un deseo de un miembro de la pareja, como sentirse útil o formar una familia que funcione tan bien como la suya. Parece lógico porque, como ya sabremos (y si no, información nueva que nos llevamos) las personas nos movemos por motivaciones, ya sean externas o internas.

Encontrar estas motivaciones detrás de los problemas de pareja que parece que no pueden resolverse resulta primordial para aprender a manejar el malestar que generan.

Para comprender mejor estos conceptos,  exponemos algunos ejemplos de problemas en los que se pueden manifestar los dos deseos explicitados:

  1. Deseo de sentirse útil: alguien que desea sentirse útil podría estar realizando actividades constantemente, ya sean referentes a su trabajo o a su ocio, pero con un resultado específico. Su pareja puede sentirse molesta porque por lo general no pasa tiempo con ella “sin hacer nada” o “simplemente dándose cariño el uno al otro” (lo cual también llevaría consigo un deseo, probablemente procedente de su infancia o de un aprendizaje posterior, la necesidad de demostración de afecto).
  2. Deseo de que su futura familia funcione tan bien como su familia de origen: alguien que desea imitar su modelo de familia puede proponer a su pareja tener hijos y formar una familia acorde a los valores cristianos porque su familia se ha desarrollado de ese modo, cree que sus relaciones son casi perfectas y pretende que esto se repita en la familia que va a crear. Por contra, su pareja no quiere educar a sus hijos en el cristianismo y prefiere que sean ellos quienes elijan en qué creer.

Estos deseos pueden hacerse presentes de múltiples formas. Puede que aparezcan en un problema trivial o sin aparente importancia, como poner el cuchillo en el lado del plato que corresponde al poner la mesa. Otra opción es que se haga presente en un problema sustancial, como qué tipo de vivienda comprar para comenzar la convivencia en pareja.

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Pasos a seguir para manejar los conflictos irresolubles:

Como hemos explicado anteriormente, este tipo de conflicto debe ser tratado como algo con lo que convivir. Sin embargo, si hace daño, debemos aprender cómo suavizarlo.

Paso 1: Comprender qué hay detrás del problema

Se trata de explorar qué es lo que hay detrás del problema o, lo que es lo mismo, cuáles son los objetivos y esperanzas que esconde el mismo. Para ello, será básico pedir a nuestra pareja que nos cuente de dónde cree que ha surgido este problema, qué siente al respecto, por qué es importante para ella y qué quiere o necesita con respecto al mismo.

En este punto, es básico que respetemos lo que nuestra pareja tiene que contarnos (puede que sea innecesario mencionarlo, pero no ayudará que nos riamos de nuestra pareja y la llamemos “blandita” si nos cuenta que nunca se sintió del todo querido por su madre y necesita más afecto de los demás). 

Por otra parte, será importante que no nos tomemos a lo personal los objetivos vitales de la otra persona, incluso aunque estén en contraposición de los nuestros. Nuestra tarea será escuchar sin juzgar. Un truco que podemos utilizar es pensar que nuestra pareja es un amigo cercano al que estamos intentando proporcionar consejo. ¿Verdad que no nos molestaría si este amigo nos dijera que quiere que sus hijos reciban un método de educación alternativo?

Si nos toca expresar cuál creemos que es el fondo del problema o, lo que es lo mismo, es nuestra pareja quien nos pregunta de dónde creemos que surge el problema, lo primero que tenemos que hacer es identificarlo, lo cual no suele ser fácil. Una vez llevada a cabo esta complicada tarea, podremos explicar a nuestra pareja lo que nos ocurre, describiendo lo que sentimos y necesitamos, tal y como aprendimos en el artículo ¿Cómo mejorar la comunicación en pareja?, dejando de lado en ese momento lo que sintamos que nuestra pareja ha hecho mal con relación a nuestro objetivo vital.

Paso 2: Tomarnos un tiempo para asimilar la nueva información.

Puede que necesitemos integrar los nuevos datos junto con los que ya teníamos almacenados sobre el problema, para poder reaccionar de la mejor forma posible y hacer efectivo lo que describíamos antes: no juzgar y no tomarnos a lo personal el deseo de nuestra pareja. En frío se analizan las cosas mejor que en caliente y existe menos posibilidad de entrar en conflicto.

Por ejemplo, podemos proponer a nuestra pareja hacer un “break” después de la conversación iniciada para comprender qué hay detrás del conflicto. Podemos también explicarle a la otra persona para qué vamos a usar ese rato y proponer otro momento para seguir tratando el tema.

Paso 3: Definir los aspectos en los que se puede ceder y en los que no.

En este punto, tendremos que exponer a nuestra pareja aquellos aspectos que creemos que no son negociables. Debemos ser sinceros con nosotros mismos y con nuestra pareja y, para ello, necesitamos estar calmados, lo que habremos conseguido tras llevar a cabo el paso 2.

Para no perder la costumbre, pongamos nombres a la pareja de la que hablábamos anteriormente, en la que un miembro necesita hacer cosas constantemente para sentirse útil y otro quiere más tiempo de “muestras de cariño”. La persona que necesita sentirse útil se llama Elsa, mientras que la que quiere obtener más ratos úncamente de afecto se llama Javier.

Elsa podría proponer un número de horas productivas que considere que van a hacer que se sienta bien y Javier, por su parte, puede proponer un número de horas de actividades en pareja que podrían calmar su malestar. Esto conformaría las partes en las que no van a ceder.

Pasaremos entonces a exponer a nuestra pareja aquellos aspectos en los que sí podemos ceder. De nuevo, es importante tomar estas decisiones estando calmados, puesto que seremos más flexibles.

Elsa y Javier podrían ceder un día entero para hacer sentir bien al otro: Elsa puede dedicar un día entero a actividades en las que solo se dedique a su pareja y Javier puede ceder un día entero para que Elsa sienta que ha alcanzado sus metas de la jornada.

Paso 4: Llegar a un compromiso.

Se trata de trazar un plan de acción en el que se respeten los objetivos de los dos miembros de la pareja, teniendo en cuenta los objetivos de cada una y actuando en consecuencia.

Puesto que esta actividad se utiliza en terapia y se revisa al cabo de unos meses para observar si está siendo efectiva, la pareja que intente ponerlo en práctica por sí misma puede hacer lo mismo. Sobra decir, como siempre, que cuando no nos veamos capaces de solucionar este tipo de problemas u otros o estas directrices no sean suficientes, debemos contactar con un profesional que nos ayude a resolver o manejar el problema, dependiendo del tipo que sea y siempre y cuando nos compense continuar con nuestra relación de pareja.

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El acuerdo al que podrían haber llegado Elsa y Javier puede ser el siguiente: Elsa propuso no realizar actividades productivas un día entero a la semana para dedicarlo totalmente a su pareja. Por su parte, Javier propuso dejar que Elsa dedicara un día entero a la semana a ser productiva, prestándose a evitarle interrupciones y distracciones (encargándose de abrir la puerta y coger llamadas telefónicas, por ejemplo).

Y vosotros, ¿os animáis a seguir tocando la misma melodía a pesar de los problemas?

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.

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