Cómo afecta el sexo y género de una persona a sus emociones

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Con este artículo se pretende que reflexionemos acerca de cómo hemos aprendido a sentir y a expresar nuestras emociones, si este aprendizaje se ha visto condicionado por ser hombre o mujer y qué podamos conocer o ampliar nuestra perspectiva acerca de los roles que nos han sido asignados en el terreno emocional.

Para comenzar me gustaría que conociéramos y diferenciáramos dos conceptos muy importantes en esta cuestión, el sexo biológico y el género.

Fue John Money, un endocrinólogo norteamericano, el que en 1955 propuso por primera vez la utilización de una terminología que diferenciaba género y sexo: «El término sexo se refiere a la clasificación biológica de macho/hembra y género se refiere a las diferencias de comportamientos según el sexo»

 A lo largo del tiempo se ha elaborado de una manera más compleja el concepto de género. Varios/as autores/as definen «género» como un constructo analítico que se fundamenta en la organización social de los sexos (la construcción social del sexo biológico). Es decir, hablaríamos del sexo biológico al referirnos a “macho/hembra” “XX/XY” y hablaríamos de género como la serie de roles, comportamientos y atributos construidos socialmente que son considerados como apropiados para cada sexo  “el rosa es de chicas/el azul es de chicos”.

Suele ser  más fácil que todas podamos identificar estos roles asignados a cada sexo  cuando pensamos en conductas concretas, por ejemplo las tareas del hogar que suelen asignarse a las mujeres, las tareas de mantenimiento o reparación domestica que suelen asignarse a los hombres. Pero, ¿estas diferencias también afectan en nuestra manera de sentir, en nuestro mundo emocional?

Indudablemente la respuesta es sí, pero vamos a indagar un poquito más…

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¿Somos diferentes hombres y mujeres a la hora de sentir, y de expresar nuestras emociones?

¿A qué se pueden deber estas diferencias?

Es habitual escuchar comentarios del tipo “a las mujeres no hay quien las entienda” “los hombres no saben expresar sus sentimientos” “menuda me montó, está loca” “los hombres no lloran” “no seas nenaza”. Estos comentarios tan normalizados en la sociedad, nos hacen reflexionar sobre las preguntas que se plantean, ¿somos tan diferentes?, veamos que dicen los estudios:

  • Se ha afirmado que las mujeres suelen ser emocionalmente más expresivas que los varones, que tienen una mayor comprensión de las emociones y que suelen mostrar mayor habilidad en ciertas competencias interpersonales: reconocen mejor las emociones en los demás y son más perceptivas y empáticas.
  • Además, existen evidencias de que determinadas áreas del cerebro, dedicadas al procesamiento emocional, pueden ser más grandes en las mujeres que en los hombres y que la actividad cerebral también muestra diferencias en función del sexo.

 

¿Y por qué existen estás diferencias?

¿Mi sexo biológico va a determinar mis habilidades interpersonales en el terreno emocional?

Rotundamente no, si buscamos el origen de estas diferencias deberíamos retroceder hasta la infancia, donde se desarrollan entre otras muchas, estas competencias.

Esto nos viene a decir que la manera en la que somos tratados en función de nuestro sexo durante la infancia va a tener un papel fundamental a la hora de desarrollar competencias emocionales. 

Pensemos en los cuentos infantiles, uno de los principales instrumentos de socialización emocional más utilizados. Cuando las familias  leen cuentos a sus hijos e hijas pequeños, suelen utilizar palabras más cargadas emocionalmente con las niñas que con los niños. Las familias tienden a hablar más sobre emociones con sus hijas que con sus hijos. Las madres conversan sobre aspectos emocionales y usan más términos emocionales que los padres y cuando, por su parte, juegan con sus hijos e hijas, expresan un espectro más amplio de emociones en el caso de que lo hagan con las niñas, y son también más detallistas con ellas cuando describen un estado emocional.

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Tanto padres como madres usan más el discurso emocional con las niñas, que con los niños, cuando discuten eventos tristes.

Por otra parte, los chicos, que no reciben una educación que les ayude a verbalizar sus afectos, pueden mostrar una total inconsciencia con respecto a los estados emocionales, tanto propios como ajenos. Sin embargo, se ha comprobado cómo las familias en las que la madre o el padre y el niño tienen conversaciones sobre estados emocionales, los niños suelen llegar a hablar claramente de los estados emocionales y a interesarse por ellos.

Si quieres conocer más información acerca de esto puedes leer este artículo.

¿Y cómo afecta todo esto?

Esta desigualdad en la educación emocional termina desarrollando aptitudes muy diferentes;

  • Las chicas pueden tener más capacidad para entender, expresar y comunicar sus sentimientos y percibir los de los demás.
  • Los hombres, en cambio, son socializados desde niños para evitar expresar emociones.

Por lo que si nuestra socialización fuera igualitaria en el terreno emocional, las diferencias señaladas no tendrían por qué ser tan significativas, dado que tanto hombres como mujeres tenemos la capacidad de desarrollar competencias emocionales.

Los estereotipos de género

Los estereotipos sociales de género aluden a un conjunto estructurado de creencias y expectativas compartidas, dentro de una sociedad, acerca de las características que poseen  y deben poseer las mujeres y los hombres como grupos, sexual y genéricamente, diferentes.

Los roles de género, al establecer lo que es propio de un hombre o de una mujer, legitiman que aparezcan estos estereotipos, los más comunes suelen asignar al hombre funciones productivas (competitividad, fortaleza, autonomía, etc) y a la mujer con tareas de reproducción y  cuidado (debilidad, sumisión, sensibilidad, etc).

Aquí encuadraríamos todos los comentarios anteriormente citados  “a las mujeres no hay quien las entienda” “los hombres no saben expresar sus sentimientos” “menuda me montó, está loca” “los hombres no lloran” “no seas nenaza”.

Estos estereotipos perpetúan la imagen de las mujeres como el sexo más “emocional”, sensible que se emociona y expresa sus sentimientos con facilidad, pero al mismo tiempo se percibe su conducta como irascible o inestable por ello.  Y por otro lado perjudican a los hombres, con la gran asociación entre sensibilidad y debilidad, enfatizando en la agresividad o dominancia como símbolo de fortaleza y de poder.

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Los roles y estereotipos de género están estrechamente ligados con las violencias machistas, de las cuales hablaremos en los próximos artículos.

Espero que tras la lectura de este artículo, podamos reflexionar sobre estos estereotipos, os invito a que los identifiquéis a vuestro alrededor o incluso durante vuestro desarrollo y os animo a poder cuestionarlos, incluso romperlos.

Entendamos que cada persona es un individuo único y tiene derecho a expresarse como tal, ni todas las mujeres, ni todos los hombres son iguales entre sí, y  muchas veces estas categorías sociales no nos definen, más bien nos estigmatizan.

Favorezcamos entre todas/os una sociedad en la que las mujeres no nos sintamos, ni seamos sentidas como “el sexo débil” y en la que los hombres puedan expresar su género desde la diversidad contemplando masculinidades alternativas.

 

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Maria Delgado
Psicóloga sanitaria con experiencia en la intervención psicológica y social. Experta en violencia de género y en terapia familiar sistémica Infantojuvenil. He desarrollado mi experiencia profesional en los Servicios Sociales y en diferentes recursos de la Red de Atención Integral para la violencia de género de la comunidad de Madrid. En la actualidad desempeño mi labor profesional en el Centro de Atención Psicosocial Programa MIRA.