Aprender a hablar en público

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No creemos en el comunicador perfecto, creemos en el comunicador real.
A menudo una persona con un miedo a hablar en público lo suficientemente intenso como para dificultarle su día a día, tiene cierta tendencia a representar la solución de dicha situación en su evolución hacia un orador perfecto. Esperad un momento que enchufo la radio:
El comunicador perfecto es esa hipotética persona, que en mi caso personal nunca he conocido, y que nunca siente ansiedad para hablar en público. Es la persona que habla en un estado de relajación similar al que tenemos cuando estamos sentados una tarde de invierno junto a la chimenea viendo “Solo en casa”.
Es una imagen creada por las personas que experimentan ciertas dificultades a la hora de expresarse. Se ajusta a la oratoria de Aristóteles, a la presencia de Obama, y a la persuasión de Pablo Iglesias. Es ese individuo que nunca percibe risas de los demás hacia él, qué nunca comete errores, que no siente remordimientos y que al terminar tiene la certeza de que en los pensamientos de los demás siempre se convierte en un héroe. Y por supuesto, es un personaje ficticio.
El comunicador real sin embargo, es la re-conexión con nuestras capacidades, recursos y circunstancias presentes. Es la conciencia de los defectos, carencias y dificultades que tenemos, y a la vez las virtudes, fortalezas y potencialidades que a menudo ocultamos. Es el individuo enfrentándose a la realidad adversa: los errores, las opiniones negativas, la imposibilidad de gustar a todos; y a la realidad positiva por decirlo de algún modo: las bromas que se le ocurren y no se atreve a soltar, el tono de voz que intenta apagar, la prosa y el juego de palabras que oculta por miedo al juicio o al rechazo.
Es un enfrentamiento, donde nuestra victoria estaría en la expresión de todo eso que somos de forma congruente y coherente; un baile con la realidad que nos permite encontrar comodidad y una relativa cantidad de éxitos personales y sociales. Este orador, somos cada uno de nosotros expresándonos con determinación y honestidad en un escenario, sin ocultarnos y sin fingir.
Por eso siempre tratamos de no dar la receta mágica, las siete píldoras indispensables para ser un gran orador, ni nada por el estilo. Más bien solo queremos ayudar a la gente a ver más luz en esa oscuridad, a subir el volumen de su tocadiscos, a adquirir más conocimiento de la escena y del actor en el que se convierten cada vez que suben y se expresan.
Quizás en ocasiones alguien pueda decir que simplemente estamos diciendo lo mismo que otros con otras palabras, pero como podría decir Paul Watzlawick en un perfecto castellano, un cambio en el lenguaje puede cambiar la realidad.
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Hablamos en estos términos porque queremos lectores sumergidos en el proceso de aprender, y lo más importante, enamorados de dicho proceso. Queremos lectores que inicien ese proceso con la idea de llegar a una visión importante para ellos, pero que terminen asumiendo que la belleza de todo esto está en el propio proceso de aprendizaje, que no les importe estar ahí, que reconozcan que la vida es un aprendizaje continuo, y que la necesidad de llegar a la perfección solo es un espejismo que nos distrae de una vida de satisfacción personal.
En dicho viaje paramos a observar un lugar y seguimos, y a veces volvemos atrás para ver algo que se nos escapó y luego continuamos. No queremos vehículos sin la marcha atrás, ni adictos a la superación, ni aspirantes a héroes. Queremos a la gente mostrando su verdadera esencia, algo que ya les convierte en algo mucho más legendario que un héroe para nosotros: individuos disfrutando de sus vidas, pero queriendo ser más por voluntad propia.
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Por eso los artículos de esta sección van sobre aprendizaje y tenderán a generar un mayor conocimiento de uno mismo, de las técnicas que la psicología puede aportar, de las webs y profesionales que pueden formar de forma sana y contrastada, y de las circunstancias y el contexto que nos rodea cuando estamos sentados en una mesa justo antes de ponernos de pies para dar una conferencia o pedir ir al excusado. Una vez más:
            No creemos en el comunicador perfecto, creemos en el comunicador real.