Aprende a manejar conflictos en tus relaciones

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El artículo de hoy es la segunda parte de Cómo solucionar problemas en la pareja, a través de la cual seguimos adquiriendo herramientas para manejar los conflictos que se nos presentan con otras personas.

¿Qué verás en este artículo?

  1. Trucos para manejar los conflictos que sí pueden resolverse: añadimos a los recursos que ya conocemos algunos más que podemos poner en práctica.
  2. Por qué son útiles dichos trucos: si sabemos por qué vamos a hacer algo, es mucho más fácil que tengamos la fuerza de ponerlo en práctica.
  3. Ejercicio práctico: por primera vez, nos ponemos a prueba como “solucionadores de conflictos” con un ejercicio práctico muy sencillo. ¿Os atrevéis?

Empecemos poniendo banda sonora con Nada Surfbanda americana de rock alternativo, y su tema Love and Anger:

Exponer nuestra queja de forma no violenta

¿Alguna vez nos hemos parado a pensar en cómo planteamos al otro un asunto problemático? Probablemente estamos tan enfadados que no pensamos en cómo hacerlo y lo llevamos a cabo como nos nace. Si la forma de exponer el tema resulta demasiado agresiva, puede afectar a la relación porque podemos herir a la otra persona.

Como hemos comentado en artículos anteriores, es básico localizar nuestra emoción y ser capaces de reducirla antes de exponer el tema a nuestra pareja, familiar, amiga o amigo. Además de esto, también hemos aprendido la forma estándar de explicitar lo que nos molesta respetando al otro lo máximo posible (explicitando solo la conducta que nos ha molestado, explicando cómo nos hemos sentido y haciendo una propuesta de cambio). Si quieres saber más, tienes información detallada en ¿Cómo mejorar la comunicación en pareja?

Además de utilizar todo lo anterior, pueden ser útiles estos sencillos trucos para mejorar más todavía nuestras quejas o peticiones hacia otra persona:

  1. No culpar.

    Sí, es posible quejarnos sin culpar al otro. Tiene bastante que ver con especificar solo la conducta que nos ha molestado, ya que, de otro modo, estaremos atacando a la otra persona. Es mejor evitar frases como “es culpa tuya” o similares, como “será culpa mía” o “si la culpa no ha sido mía no sé de quién ha podido ser” (aquí, además, estaríamos utilizando la ironía, no muy útil en las discusiones).

  2. Expresarnos de forma clara.

    Una de las ideas irracionales que más hacen daño a las parejas y a otros tipos de relación es aquella que nos hace pensar que “si de verdad lo sintiera, debería de nacer de ella o él”, “si fuera como tiene que ser no tendría ni que pedírselo”. Dentro de ellas, como podemos ver, entran asociaciones entre conductas y sentimientos, “deberías”…

    Puedes echar un vistazo a las ideas irracionales más comunes en las relaciones de pareja en Ideas irracionales en pareja (I) e Ideas irracionales en pareja (II).

    Pues bien, aunque las ideas irracionales deben trabajarse en el contexto terapéutico, cuando no generan problemas muy graves no suelen llegar a él. Por eso, podemos y debemos localizarlas y tratar de cambiarlas, ya que dañan la relación. Nuestra pareja no tiene por qué saber lo que queremos y evitaríamos muchos problemas si se los expusiéramos de forma directa y clara.

  3. Pedir por favor y dar las gracias.

    Nos lo enseñan cuando somos muy pequeños, pero parece que se nos olvida cuanta más confianza tenemos con la persona en cuestión. Para hacer peticiones de cambio, es muy importante pedir por favor, tratando de no pensar en “lo tendría que hacer sin que le dijera nada”, porque esa creencia hará que el “por favor” que buscamos nunca salga de nuestra boca.

    Del mismo modo, si nuestra pareja cambia aquello que le hemos pedido, podemos darle las gracias y hacerle saber que valoramos lo que ha hecho.

    Incluso podemos utilizar el agradecimiento para hacer una petición (y no, no me he hecho un lío): si hace tiempo que no hacemos algo con nuestra pareja que nos gusta mucho y antes realizábamos muy a menudo, podemos hacer ver a la otra persona lo que apreciabas eso que hacíais antes y cuánto te gustaba, para después pasar a pedirle hacerlo de nuevo.

    Seguro que se lo toma mejor que el típico “ya nunca tienes tiempo para cenar conmigo”.

     

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Responder ante el inicio de una discusión

El conflicto se ha iniciado. Ahora sí que no hay vuelta atrás. La otra persona ha comenzado poniendo en práctica nuestros consejos o directamente atacando. ¿Qué podemos hacer en este punto?

  1. Calmar al otro.

    Teniendo presente la forma más óptima de hacerlo. Si decimos gritando: “¡cálmate!” la otra persona probablemente se calmará, pero también se sentirá herida. Una alternativa sería “por favor, no me hables de esa forma”. También es muy útil hacer ver a la otra persona que entiendes cómo se siente. Esto bajará su nivel de exaltación, cómo mínimo, 4 puntos. Garantizado.

  2. Decir lo siento y admitir nuestra responsabilidad en lo que ocurre.

    Normalmente nos cuesta mucho pedir perdón o admitir que también hemos contribuido al problema. Puede que hayamos aprendido a “echar balones fuera”, que nos haya funcionado y que nos sintamos mejor así. También puede que no nos demos cuenta de que estamos dentro de una “guerra de poderes” en nuestra relación y queramos quedar por encima en lo que ocurre, sin admitir nuestra responsabilidad en los conflictos.

    Sea por lo que sea, es importante trabajar en nosotros mismos para comenzar a admitir nuestros errores y verbalizarlos, siempre y cuando, por supuesto, creamos de verdad que hemos fallado. Puede que, así, lejos de quedar por debajo, demuestres que eres capaz de llevar a cabo una conducta muy madura y apropiada.

  3. Mantener nuestra posición respetando a la otra persona.

    Es casi imposible que en un conflicto entre dos personas no tengamos nada de responsabilidad, pero puede que la otra persona nos esté acusando de una parte de la misma que creemos que no nos corresponde.

    La forma de exponer esta idea cambiará notablemente el desarrollo de los acontecimientos. Será util utilizar el “entiendo lo que dices, pero no estoy de acuerdo porque…”, “entiendo cómo puedes sentirte, pero considero que yo no tengo responsabilidad en eso porque…”. No suena igual que un “¡pero qué dices! ¡eso es mentira! ¡siempre me estás echando la culpa de todo!”, ¿verdad?

  4. Admitir que nos están convenciendo y/o que el otro tiene razón.

    Cuando al inicio de una discusión no pensamos como la otra persona pero, poco a poco, vamos viendo su parte de verdad, puede costarnos admitirlo. Sin embargo y, de nuevo, es una señal de madurez y además fortalece mucho nuestra relación con la otra persona, puesto que percibe que ha influido sobre nosotros de alguna forma -al igual que nosotros influiremos sobre la otra persona muchas otras veces-.
    Frases como “en eso tienes razón”, “nunca lo había pensado de esa forma”, “en parte estoy de acuerdo contigo” o “estás empezando a convencerme” pueden ser útiles hasta que nos acostumbremos y salgan solas.

Finalizar la discusión

Si queremos parar la discusión porque percibimos que nos está afectando o que estamos experimentando demasiada ira como para actuar calmados, podemos decirlo: “vamos a dejarlo un rato, por favor” o “creo que si seguimos hablando las cosas pueden emperorar, ¿podemos parar un rato?”.

Puede ser que el conflicto haya podido solucionarse y se haya llegado a un acuerdo: por ejemplo, el problema era el tiempo que la otra persona pasaba con el móvil y se han pautado ratos con el móvil y ratos juntos sin el móvil, guardando este en otra habitación.

También puede ser que el conflicto no pueda solucionarse. En ese caso, si empezamos a ver ese problema como algo que no puede resolverse, podemos exponérselo a la otra persona: “aceptemos que en esto no estamos de acuerdo”.

Sea como sea y aunque resulte muy complicado, es importante que pensemos qué cosas nos ha gustado que el otro verbalizara en la discusión o su forma de comportarse durante la misma y que se las expongamos. Por ejemplo: “me ha gustado que pidieras calma en lugar de ponerte a gritar” o “una cosa que admiro de ti es tu capacidad de calmarme cuando me pongo nerviosa o nervioso” o “te agradezco que me hayas sacado el tema de forma educada”.

Por último y como novedad, hagamos juntos un ejercicio. En él, debemos transformar un par de quejas planteadas de forma agresiva para hacer el menor daño posible a nuestra pareja, utilizando lo aprendido en este artículo y en el anterior.

  1. Te apetece que tu pareja haga la cena mañana o que salgáis juntos a cenar.
    Planteamiento agresivo: “Nunca me llevas a ninguna parte. Estoy hasta las narices de cocinar”.
    Alternativa suave:
  2. Piensas que últimamente tu pareja está saliendo demasiado y te da algo de miedo que pueda estar coqueteando con algunos chicos o chicas. 
    Planteamiento agresivo: “Hoy saldrás otra vez, ¿no?. A saber con cuántas personas coqueteas mientras yo estoy aquí viendo la tele”. 
    Alternativa suave:

Podéis escribir vuestras respuestas en los comentarios de la publicación: ¡estaremos encantados de leerlos y responder!

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Soy psicóloga sanitaria en Aumenta, proporcionando tratamiento psicológico a población infantil, juvenil y adulta. He trabajado como psicóloga social en Fundación Tomillo y poseo amplia formación práctica en diferentes entidades. Soy Graduada en Psicología por la Universidad de Salamanca y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Poseo mi propio modo de trabajar, basándome principalmente en las corrientes cognitivo-conductual y sistémica, cautivada por una máxima: "conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana". Carl Jung.